Amanece, los diablos se han concentrado en un aquelarre vespertino, poco a poco el sol va saliendo y esos bichejos inmundos se evaporan uno tras otro para dejar níveo el espacio que ocupaban.
Cual Brienne de Tarth, desde el interior y de manera silenciosa, la flor que emergerá se abre paso a golpes de espada para dejar aflorar a la dama que protege. Tulipán convertido en señora, que agasaja a todo el que tiene a su alrededor. Siempre pendiente que su familia y amigos se encuentren cómodos junto a ella.
Te queremos una "jartá" cuñá. Feliz cumpleaños te desea tu familia, Alejandra, Soledad y AMador.
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
Buscar este blog
sábado, 26 de agosto de 2017
viernes, 21 de julio de 2017
La grieta
La grieta en la pared es larga y fina, se ensancha un poco en el centro, quebrando su rectitud como si de un rayo perdido se tratase. Cada noche, cuando me meto en la cama y me arropo, es lo último que veo antes de apagar la luz. A veces, sueño que es la puerta hacia un mundo desconocido, otras veces, me imagino atravesando un valle de altas montañas, donde el único paso es esa pequeña grieta.
Ayer la sonrisa vertical de la pared había desaparecido, en su lugar habían puesto una argamasa plástica, expandida sobre la nívea pared, una mancha deforme, amarillenta y abrupta.
Anoche soñé que me sellaban los morros, quería gritar, decir al mundo todo lo que sabía, pero mi boca estaba sellada, taponada por una pellada cerosa que desfiguraba mis labios.
Ha pasado un mes, al fin puedo dormir, descubrí una nueva grieta en mi habitación, es cálida, húmeda y permite que una parte de mi penetre en su interior. No entiendo cómo he podido vivir tanto tiempo sin ella. Sueño noche y día con ella, y no veo que llegue nunca el momento de estar en sus entrañas. Vivo con el miedo de llegar a casa y que la hayan tapiado.
Ayer cumplí cinco años, me han regalado una tortuga, dicen que será mi amiga para siempre, quiero enseñarla a hablar y leer. La solté en mi habitación y se escondió en la grieta. Creo que será una buena compañera. Anoche soñé que hablábamos protegidos por la grieta.
Es curioso lo que me pasa, porque ando escribiendo este diario para discernir la vigilia del sueño. Pero ya no sé que es verdad o imaginación.
Apéndice:
-¿Y usted cree que puede oírnos?
-No lo sabemos a ciencia cierta, pero estamos seguro que su voz le reconfortará.
-¿Saldrá de esta doctor?
-No está ya en nuestra mano, dependerá de su fortaleza física y mental, la caída por la falla fue tremenda, tiene una grieta en el cráneo, no sabemos hasta qué punto le ha afectado al cerebro.
-Debe usted tener confianza y ser fuerte por los tres. Dijo el doctor a la vez que depositaba suavemente la mano en la barriga de la mujer embarazada.
Instintivamente la joven se tocó la barriga y le habló a su embrión. -No te preocupes, verás como papa sale de esta.
Ayer la sonrisa vertical de la pared había desaparecido, en su lugar habían puesto una argamasa plástica, expandida sobre la nívea pared, una mancha deforme, amarillenta y abrupta.
Anoche soñé que me sellaban los morros, quería gritar, decir al mundo todo lo que sabía, pero mi boca estaba sellada, taponada por una pellada cerosa que desfiguraba mis labios.
Ha pasado un mes, al fin puedo dormir, descubrí una nueva grieta en mi habitación, es cálida, húmeda y permite que una parte de mi penetre en su interior. No entiendo cómo he podido vivir tanto tiempo sin ella. Sueño noche y día con ella, y no veo que llegue nunca el momento de estar en sus entrañas. Vivo con el miedo de llegar a casa y que la hayan tapiado.
Ayer cumplí cinco años, me han regalado una tortuga, dicen que será mi amiga para siempre, quiero enseñarla a hablar y leer. La solté en mi habitación y se escondió en la grieta. Creo que será una buena compañera. Anoche soñé que hablábamos protegidos por la grieta.
Es curioso lo que me pasa, porque ando escribiendo este diario para discernir la vigilia del sueño. Pero ya no sé que es verdad o imaginación.
Apéndice:
-¿Y usted cree que puede oírnos?
-No lo sabemos a ciencia cierta, pero estamos seguro que su voz le reconfortará.
-¿Saldrá de esta doctor?
-No está ya en nuestra mano, dependerá de su fortaleza física y mental, la caída por la falla fue tremenda, tiene una grieta en el cráneo, no sabemos hasta qué punto le ha afectado al cerebro.
-Debe usted tener confianza y ser fuerte por los tres. Dijo el doctor a la vez que depositaba suavemente la mano en la barriga de la mujer embarazada.
Instintivamente la joven se tocó la barriga y le habló a su embrión. -No te preocupes, verás como papa sale de esta.
jueves, 20 de julio de 2017
Fotos del tiempo.
Cuando era niña, me fascinaban las historias que los adultos contaban de manera sesgada. Recuerdo cómo se miraban entre ellos y con pocas palabras hablaban de algún suceso acontecido, con la gravedad suficiente, para que nosotros los púberes estuviésemos al margen. Me sentaba en el suelo, en una posición cercana para oír y apartada para poder ver los gestos sin molestar. Haciendo que jugaba con mis muñecas, ponía toda la atención en esos movimientos faciales furtivos unidos a palabras sueltas, para luego en mi desbordante imaginación, tejer las historias que se habían filtrado.
La tía Matilde era mi comodín, considerada por todos como una mujer distraída pero en el más literal de los sentidos. Siempre quise poder navegar en su mente, me la imaginaba como un lugar anegado donde de vez en cuando aparecía un barco o una isla y entonces la tía Matilde conectaba con la civilización y el mundo que la rodeaba, mostrando una lucidez increíble, pero cuando tanta urbanidad la azoraban, embarcaba de nuevo en su nao y partía hacia el inmenso mar de su mente. Para mantenerla al día o preguntarle algún dato sobre los asuntos a encubrir, debían ser más explicitas. Entonces era cuando brotaba más información para aclararme las historias, que iba uniendo como un puzle.
De esta manera fue como me enteré que mi primo Adolfito era adoptado, y que el color tan oscuro de su piel se debía a que era negro, y no moreno de naturaleza.
Que a mi tía Antonia, la había abandonado el novio en el altar, y que eso había supuesto una vergüenza de tal calibre que se metió a monja y que aunque nos la pusieran como ejemplo de la llamada de Dios, lo único que hizo fue huir en vez de enfrentarse a sus padres y vecinos. A mí me molestaba mucho esa actitud servil que había adoptado, porque como niña, ahora mujer, no entendía porqué éramos diferentes las mujeres de los hombres. Y lo peor, auspiciado por las mismas féminas de las casas.
Hoy tengo cuarenta y cinco años, he recorrido medio mundo y tengo tantas historias o más en mi haber que las que pudieran tener acumuladas las mujeres de mi familia. ¡Hay si la tía Paquita o la tía Pepa viviesen!, ¡Cuanto podrían disfrutar cotilleando sobre mi!.
Dos matrimonios rotos a mis espaldas, un precioso niño de seis años que me acompaña en mis viajes y al que le oculto las historias más aberrantes de mi vida, cuatro libros publicados y miles de fotografías y artículos escritos para la revista que me paga.
La tía Matilde era mi comodín, considerada por todos como una mujer distraída pero en el más literal de los sentidos. Siempre quise poder navegar en su mente, me la imaginaba como un lugar anegado donde de vez en cuando aparecía un barco o una isla y entonces la tía Matilde conectaba con la civilización y el mundo que la rodeaba, mostrando una lucidez increíble, pero cuando tanta urbanidad la azoraban, embarcaba de nuevo en su nao y partía hacia el inmenso mar de su mente. Para mantenerla al día o preguntarle algún dato sobre los asuntos a encubrir, debían ser más explicitas. Entonces era cuando brotaba más información para aclararme las historias, que iba uniendo como un puzle.
De esta manera fue como me enteré que mi primo Adolfito era adoptado, y que el color tan oscuro de su piel se debía a que era negro, y no moreno de naturaleza.
Que a mi tía Antonia, la había abandonado el novio en el altar, y que eso había supuesto una vergüenza de tal calibre que se metió a monja y que aunque nos la pusieran como ejemplo de la llamada de Dios, lo único que hizo fue huir en vez de enfrentarse a sus padres y vecinos. A mí me molestaba mucho esa actitud servil que había adoptado, porque como niña, ahora mujer, no entendía porqué éramos diferentes las mujeres de los hombres. Y lo peor, auspiciado por las mismas féminas de las casas.
Hoy tengo cuarenta y cinco años, he recorrido medio mundo y tengo tantas historias o más en mi haber que las que pudieran tener acumuladas las mujeres de mi familia. ¡Hay si la tía Paquita o la tía Pepa viviesen!, ¡Cuanto podrían disfrutar cotilleando sobre mi!.
Dos matrimonios rotos a mis espaldas, un precioso niño de seis años que me acompaña en mis viajes y al que le oculto las historias más aberrantes de mi vida, cuatro libros publicados y miles de fotografías y artículos escritos para la revista que me paga.
martes, 16 de mayo de 2017
¿Metamorfósis?
La
barba, más blanca que negra poblaba la cetrina cara, dos semanas
tumbado en el sofá, sin asearse, sin apenas comer de manera decente,
bebiendo y ahogándose en su pena, le daban un aspecto deplorable.
Poco
a poco se fue distanciando de las personas que lo apreciaban, se dejó
atrapar por el vino y la soledad, un capullo que hacía que la
crisálida se aislara del mundo que lo rodeaba.
miércoles, 15 de marzo de 2017
El viaje de Saya
-¡Vamos
Saya!-voceó
su madre, aupada en el
último escalón y elevando el cuello con la intención de que su voz
recorriera menos espacio y llegara así de manera más fácil a su
hija.
-¡Ya
bajo mami!, una voz infantil
resonó por el hueco de la escalera. Diana sonrió y relajó su
cuerpo, esperando ver a su
niña.
De
dos en dos bajó la pequeña Saya los escalones.
Sus bailarinas blancas se deslizaban sin apenas hacer ruido
por las escalinatas de mármol. Los calcetines de hilo albugíneo
permanecían adheridos a la pierna,
cubriendo hasta las rodillas, aguantando estoicos los golpes de la
chiquilla sin escurrirse. El
traje floreado bailaba con el vaivén propio del descenso acelerado.
Su largo pelo negro hacía el mismo juego que el vestido,
creando una bucólica imagen en la mente de Diana, que miraba
orgullosa y feliz a su querida hija.
-¡Feliz
Cumpleaños!- gritaron todos
los invitados al unísono al ver aparecer a Saya. Norman, su padre,
cargaba con una enorme tarta alumbrada con once velas.
Al
anochecer, los últimos invitados dejaron la casa. Saya no cabía en
sí de gozo.
-¡Ha
sido mi mejor fiesta de cumpleaños!-le
decía a su madre una y otra vez, mientras ésta,
sentada a su vera en la cama,sonreía
a la par que acariciaba su inocente mano. El sueño venció al
entusiasmo y un beso materno en la frente selló el magnífico día.
-
¡Shhh!- siseó el
padre -No te muevas- le dijo
al oído mientras la abrazaba agazapado tras una esquina. Vigilando,
tras ellos, Diana. Que cargaba un hatillo con todas las pertenencias
que tuvieran algún tipo de valor.
Saya,
pegada al pecho de su padre,
nota el miedo que desprende
su progenitor. El corazón
latiendo acelerado casi la deja sorda.
El sudor caliente recién transpirado se mezcla con el olor a
tabaco impregnado en la ropa. Tanto
la aprieta, que casi llega
a asfixiarla.
Cerró
los ojos, intentando
recordar el día de su cumpleaños.
No había pasado ni una sola semana desde que lo celebraran
todos juntos con alegría. Lo único que sus
padres le habían permitido llevar consigo era un colgante de
media luna que su madre le regaló. Mientras Diana
se lo ponía al cuello, le contó que laabuela
se lo entregó a ella el día de su
undécimo cumpleaños y que así había ido pasando por todas
las generaciones. Hasta
llegar a Saya.
Cogió
con fuerzas el colgante y se hundió aún más en el pecho de su
padre. A lo lejos se oían gritos, disparos, llantos y súplicas,
muchas súplicas.
Apretaba
los ojos intentando que así el sonido también se disipase al igual
que la luz, pero pudo escuchar con claridad lo que aquellos hombres
decían.
-¡Vamos,
fuma!, gritaba una voz poderosa.
Una
mujer lloraba y pedía. Rogaba que lo dejasen en paz, que aquel
era buen hombre y siervo de Dios.
El
guerrillero al mando ignoró a la señora que le impetraba perdón
para el reo. Y volvió a hablar elevando el tono de manera
ostensible, para que no se enterase solo aquel rehén al que habían
obligado a encender el cigarrillo, sino la mayor cantidad de personas
posible
-Sabes
que fumar es una lenta forma de suicidio y Ala castiga ese pecado con
la muerte-. Tras terminar de
hablar, se pudo oír el sonido de algo rasgando el aire hasta
topar y tajar su objetivo, tras el corte, algo se desprendió y rodó
por el suelo. Después, en
el silencio que se instauró,pudo oírsecon claridad el ruido
que salía de la tráquea al
vaciarse los pulmones de aire para
anegarse de sangre. El desgarrador grito de la
mujer devolvió la vida a la plaza.
-¡Vamos!-
dijo su padre. Se pusieron en pie y cruzaron la explanada en
la que, instantes antes,
había dos hombres. Uno, con
el poder que le otorga la fuerza y la locura de pensar que sus actos
están protegidos y guiados por la mano divina.
Otro, que padece y sufre la locura ajena en forma de muerte.
Pasaron cerca de la cabeza que mantenía aún el cigarrillo en los
labios y que así se quedó durante semanas como aviso a navegantes.
Norman
cobija a su hija con el brazo tratando de que pase
inadvertida. Tras ellos,
cargando con las pocas cosas que habían decido llevar, su
mujer. Vestida entera con un burka
negro, oculta de esta manera
su bello rostro, su anillado pelo azabache,
sus ojos color miel,
sus carnosos labios. Saya sabe
que, bajo aquella horrible
vestimenta, se encuentra
su madre. Eso la tranquiliza.
-¡Alto!-
gritó una voz. Saya la
reconoció de inmediato:
era la del hombre que, diez
minutos antes, había estado
en aquella plaza.
Su
padre detuvo el paso. Tras él, su
madre. Norman no soltaba la mano de su hija.
Se quedaron inmóviles,
esperando una nueva orden.
-¡Ven!-
volvió a ordenar aquel individuo.
Norman
se giró con lentitud. Sin soltar
las manos de Saya, se
dirigió hasta el vehículo en el que esperaba aquel Yihadista.
Uno de sus pies sobresalía del jeep.
Entre las piernas portaba un rifle.
Sus barbas estaban sucias y no paraba de hurgarse los dientes
mientras se dirigía al Sirio.
-¿Porqué
no lleva ella el Burka? –
preguntó, haciendo
un gesto con la cabeza hacia Saya.
-Solo
es una niña, balbuceó Norman, aún no tiene los diez años, mintió.
Saya
no levantó la mirada del suelo, a sabiendas de que su padre mentía
para salvarla y el futuro de la familia dependía de las decisiones
que tomara aquel faccioso.
-Está
bien - se mostró
condescendiente el hombre con arma -
podéis continuar, pero en menos de dos horas tendremos el
toque de queda, ya sabes las consecuencias si te pillamos por la
calle.
Norman
no pronunció palabra alguna, se volvió y continuó la huida. Sabía
que en dos horas ya estarían lejos de aquella ciudad.
-¡Hola
Said! - saludó Norman a su
buen amigo, a la vez que se fundían en un abrazo. Said era un chico
de unos treinta años, había sido alumno de Norman en la
universidad, destacaba entre todos los estudiantes
por su sensibilidad y capacidad literaria y eso les llevó a entablar
una relación de algo más que alumno profesor. Said disponía de un
coche ruso de segunda mano capaz de sacarlos de aquella ciudad que
profesaba una metamorfosis a maldita.
La
salida de la ciudad se hizo sin altercado alguno, apenas había
vehículos por las calles y no tuvieron que padecer ningún control
de las milicias. Tras el saludo,
apenas habían hablado más que algunas indicaciones dada de manera
escueta, poco había ya que decir que no estuviese ya hablado y
meditado. Dos horas después, la ciudad de Alepo quedaba
lejos.
-Estamos
a unas cinco horas de la frontera con Turquía -
informó Said - les dejaré
todo lo cerca que me sea posible.
-¿No
la cruzarás con nosotros? -
quiso saber Norman.
-Mi
sitio está aquí, seguiré asistiendo a la universidad, ahora que
usted no está, alguien debe ejercer de profesor titular –
dijo, con una sonrisa que denotaba amargura, a pesar de que
trataba de reflejar todo lo contrario.
Se
despidieron con el mismo énfasis con el que se habían saludados
horas antes, la familia se unió a un grupo que andaba por el arcén
y comenzaron el peregrinaje a pie.
El
sol apretaba. A pesar del
calor, Saya miraba con los
ojos de la inocencia el mundo que la rodeaba, cientos de personas
deambulando como muertos vivientes hacia una vida mejor.
Un
bebé en brazos de sus
progenitores lloraba desesperado.
El hambre, el cansancio, el exilio, demasiada carga para
cuerpos tan pequeños. Saya le sonrió e hizo gestos con la mano. En
ese momento, el bebé dejó de llorar y su mirada se perdió en un
vacío eterno. La muerte era el destino de los más débiles, el
camino más corto hacia la paz.
Ya
llevaban cinco días andando por entre aquellas montañas y valles,
parecieran meses deambulando por las tierras áridas que separaban
Siria de Turquía.
Al
tercer día, Norman decidió alejarse del grupo que formaba el éxodo
y viajaba en línea recta hacia Turquía, dando
un rodeo e intentando evitar así los ejércitos fronterizos.
Sin nada que llevarse a la boca, sobrevivían
gracias a la generosidad de los pocos pastores nómadas que se iban
encontrando en el camino. Las noches son frías, los días calurosos.
El cansancio se acumula en las jóvenes piernas de Saya que,
débil y desnutrida,
comienza a sufrir fiebres.
Norman,
a sabiendas de lo duro que resulta
el viaje, intenta que sea
ameno y esperanzador, para
conseguirlo, les cuenta a su mujer e hija historias de
antepasados. De lo grandes y
poderosos que fueron sus
ejércitos. Decómo, en otra
época, el mundo giraba alrededor de Siria. Al
terminar de relatar las antiguas gestas , les asegura
que, cuando lleguen
a Europa, serán muy
bien acogidos, ya que el legado que han
aportado a la humanidad, les abrirá
todas las puertas.
Saya
apenas entendía lo que su padre le contaba, pero trataba de emitir
una sonrisa cada vez que este se giraba y la miraba, lo
hacía a pesar de tener los labios secos y resquebrajados por
la fiebre y el calor. La debilidad y el polvo se acumulaban de forma
abusiva en ella.
Al
octavo día llegaron a un enorme asentamiento cerca de la frontera
turca, en la provincia de Iblib. Esa noche comieron sopa caliente y
algo de pan.
El
cielo estaba lleno de estrellas. Si
Saya alargaba la mano, estaba segura de que podría coger alguna. A
lo lejos, alguien tocaba el saz cantando canciones de amor.
Tenía una voz dulce que ayudaba a conciliar el sueño.
Saya
notó como su padre se acercaba y le besaba la frente en la
oscuridad.
-¿Porqué
a nosotros papa? - preguntó
la niña con voz baja. No obtuvo respuesta, aunque sabía que su
padre aún estaba allí, ya que su silueta sobre ella recortaba el
cielo estrellado.
-¿No
hay nadie que pueda parar este terror? ¿Qué hemos hecho para que
nos tengamos que ir de nuestra casa? Saya hacía las preguntas sin
obtener contestación. Notó una gota en su mejilla y supo que su
padre solo tenía como respuesta una lágrima. Entonces calló y dejó
que los sueños la abrazaran.
El
nuevo amanecer se convirtió en la peor pesadilla de la familia. Saya
despertó sobresaltada con
los gritos de su padre, que a voces llamaba a Diana.
¿Qué
ocurría?, ¿Dónde estaba su madre?. No podía ser:
¡su madre había desaparecido!
Norman
cogió a Saya de la mano y comenzaron su búsqueda.
A
las afueras del campamento unos gritos alertaron a Norman.
No había duda, era la voz de Diana.
Corrió hacia donde surgían los lamentos. Tres soldados abusaban de
su bella mujer mientras esta trataba en vano de desasirse de aquellos
fornidos brazos. Cuando Norman llegó por
fin junto a ella, solo encontró a su esposa
desnuda, golpeada y llena de sangre. En la lejanía observó
impotente como aquellos violadores marchaban armados y quiso morir al
oír como reían tras su crimen.
Las
lágrimas se agolparon en los ojos de aquel hombre, que arrodillado
junto al cadáver de su compañera
trataba de no volverse loco. La sangre le corría con fuerza por sus
venas, la sien le martilleaba su cabeza en latidos sordos. El dolor
del alma se apoderó de todo su ser. Cogió a su pareja
en brazos, Saya se agarró a la mano de su madre yacente y comenzaron
a andar en la misma dirección por la que se habían ido los
asesinos.
Como
la pólvora corrió la noticia por el asentamiento, apenas tardaron
unos minutos en movilizarse y marchar todos en silencio junto al
afligido padre, la occisa y la inocente niña
Al
llegar a la frontera, aquellos hombres uniformados amenazaron con
disparar si intentaban entrar en territorio Turco.
Norman depositó a su mujer con mucha dulzura en el suelo, se
incorporó y se dirigió él
solo en dirección a la alambrada
que separaban los dos países.
Hizo
caso omiso de los guardias, que a cada paso que daba el Sirio, más
nervioso se mostraban, elevando la voz y las amenazas.
Al
llegar a la puerta que separaba el futuro del presente, rodeada de
vallas y alambres de pinchos,
Norman agarró con su mano el candado que la mantenía cerrada. Tiró
de él en un vano intento de que se abriese y escuchó las
detonaciones. El instinto le llevó a agacharse, oía silbar las
balas sobre su cabeza, pudo ver como el grupo que lo había
acompañado se dispersó en una alborotada huida.
El
mundo se detuvo para Norman cuando se dio cuenta de que Saya estaba
derrumbada sobre su madre y no se movía. En aquel momento la sangre
se heló en sus venas. Corrió hacia ellas, y aunque la distancia que
debía hacer no era muy grande, los pocos segundos que tardó en
cruzar aquel espacio se le hizo eterno. Hasta que no alcanzó a su
hija, sus movimientos transcurrieron a cámara súper lenta.
Al
girar a la niña para verle la cara, el tiempo cobró su ritmo
natural. Saya le sonrió. Sus manos descansaban sobre su estómago,
de entre sus dedos comenzó a brotar sangre de un color rojo
brillante imposible de retener.
Un
desgarrador grito surcó el aire y se perdió en el desierto, luego
silencio.
Norman
mecía a su hija, que hacía rato había dejado de sangrar, ella aún
mantenía sus ojos abiertos, que miraban hacia el inmenso cielo azul,
aunque ya nunca más podría contemplarlo.
Con
gran delicadeza, pasó la mano por su rostro y se los cerró para
siempre.
La
noche la pasó junto a los cadáveres, velando sus cuerpos. Al
amanecer las enterró en una fosa cavada con sus propias manos, antes
de cubrir los cuerpos con la arena del desierto, cogió el colgante
de su hija y se lo guardó en un bolsillo, quitó el velo que tapaba
el rostro y el pelo de su mujer y los dejó libre.
Comenzó
a andar, dirección a Alepo. Nunca abandonaría la tierra donde
descansaban su mujer y su hija.
sábado, 25 de febrero de 2017
Maniquí
No me pude creer lo
que veía, un maniquí casi nuevo tirado junto a un contenedor de
basura. No me lo pensé dos veces, cogí aquella maravilla y y lo
llevé conmigo.
En el autobús
viajábamos de pie, al final del autocar, junto a un grupo de señoras
que cargaban con sus bolsas del mercado llena de frutas, verduras,
embutidos,….cosas mundanas necesarias para vivir, y que
desgraciadamente yo tenía también que hacer a menudo, pero hoy yo
llevaba mi maniquí casi nuevo, aún desnudo, con esos ojos que
miraban al infinito, esos ojos que me miraron desde el contenedor
pidiendo auxilio, suplicando que lo rescatara y llevara a casa
conmigo. No me negué, desde que cruzamos miradas estamos
predestinados el uno para el otro, él ordena y yo ejecuto.
Cuando llegamos a
casa lo lave, vestí, compré una peluca rubia, y lo peiné, retoqué
con pintura algún que otro desconchón que lucía su cuerpo, y lo
senté en el butacón que presidía la casa frente a la gran ventana
que daba a la avenida.
Tres días estuvo
allí sentado, pensativo, agradecido por el trato que le había
dispensado, al cuarto día estaba yo en la cocina preparando algo de
cenar cuando oí como me llamaban. Al principio no reconocí su voz,
no sabía quien me llamaba por mi nombre, pero cuando me di cuenta
que era él quien requería mi presencia un escalofrío recorrió mi
espalda hasta la nuca. Esa sensación de mil hormigas subiendo a toda
velocidad por la columna hasta llegar al bulbo raquídeo… odio esa
sensación.
Lo dejé todo a
medio hacer y acudí al salón, el maniquí seguía mirando la
ventana. Es absurdo, ¿cómo puede hablarme un maniquí?, pensé. Me
giré para volver a mis quehaceres y de nuevo su voz. El timbre que
tenía era como si me hablase con una lata puesta en la boca. Al
dirigirse a mi, lo primero que hizo fue hacerme una pregunta, pero no
una al estilo de: -Hola Mario, ¿Cómo estás?, o ¿Que tal el día
hoy?, o ¿Te resulta extraño que te hable un maniquí?. Nada de eso,
su primera pregunta fue: -¿Por qué?.
-¿Por qué?, Esa
era la pregunta más absurda que me habían formulado y era obvio que
un maniquí fuese el responsable de esa pregunta. ¿A qué diantres
se refería con ese “por qué”?.
No volvió a hablar
en toda la noche, cené, vi una película y me acosté. El maniquí
permaneció, como no podía ser de otra manera, sentado en el
butacón, frente a la cristalera que daba a la avenida.
A las cuatro de la
mañana me desperté sobresaltado, notaba la mirada de alguien a los
pies de mi cama, estaba seguro que era el maniquí, encendí la luz
de la mesita de noche y allí no había nadie. ¿Habría sido todo un
sueño?, ¿Me estaría volviendo loco?. Ya no pude volver a conciliar
el sueño, a las seis sonó el despertador que esta vez no cumplió
su misión, ya que no había nadie a quien despertar, dejé que
sonase Radio KFM y me metí en la ducha.
Todo el tiempo tuve
esa incómoda sensación de no estar solo y ser continuamente
observado.
-No me encontraba
bien, mi cabeza hervía y no precisamente de fiebre. El no haber
descansado bien, la experiencia de que me hablaba un muñeco, las
obligaciones de estar en el trabajo y tener un jefe y unos compañeros
desagradables; todo eso me estaba haciendo perder el control. Me
estaba convirtiendo sin saberlo en un ser voluble, una máquina
obediente y a expensas de un regidor.
-¡Ya está bien
Mario!, la dulce voz de María me sacó de mi ensimismamiento.
Apoyada sobre mi mesa, dejaba ver un escote de piel canela muy
apetecible, su sonrisa albugínea iluminaba aquel rostro moreno sobre
el que caían unos rebeldes rizos negros.
-Me tienes que dar
ya esos informes- siguió hablando María .-ya no puedo demorar más
la entrega- continuó hablando poniendo una carita de cordero
degollado que debía usar mucho, ya que conocía el poder devastador
que ejercía sobre los hombres. Era una preciosa chica a la que pocos
se habrían resistido a sus encantos.
-Aquí los tienes,
le dije dándole unos cuantos folios escritos a doble espacio. Los
miró por encima y se giró a la vez que me guiñaba un ojo. Se
marchó contoneándo su precioso y redondo culo embutido en aquella
falda de tubo hasta las rodillas que la obligaban a andar a pasitos
cortos.
-¿Por qué?, y
¿por qué, no?. Una nube ocultó todo en mi mente y una sonrisa
maléfica acudió a mi. El resto del día todos me ignoraron, esa
sonrisa en mi cara al parecer no le gustaba a nadie salvo a mí.
jueves, 23 de febrero de 2017
El tiempo escondido
Juan Manuel, Juanma para los amigos y vecinos del pueblo, no era un hombre avezado en inteligencia, es más, casi no era hombre. Su vida había transcurrido anodina en la vieja casa que sus padres tenían a las afueras del pueblo.
Bajando la cuesta se llegaba a su vivienda; de piedra maciza y tejado de toscas tejas cubiertas de rastrojos, era también ese, el final del camino. Subiendo por la empinada vía de tierra, se accedía al resto del pueblo, que se alojaba en su totalidad a este lado de la ladera. El único acceso que se tenía al mismo, estaba por la otra cara. Esta particularidad de estar situado en el lado opuesto de la montaña, hacia que nadie se diera cuenta del mismo hasta que prácticamente ya estaba en su interior.
Juanma era muy querido por todos, nadie jamás le afeó su condición, y él no se sentía ni diferente ni extraño entre sus vecinos. En la casa más cercana vivía doña Tula, la más anciana del lugar, cuentan que tenía ciento cincuenta años. Aunque Juanma lo desconocía, ya que nunca había visto a la señora Tula soplar unas velas. A decir verdad, nunca había visto a nadie soplar velas ni sabía lo que era un cumpleaños ni una fiesta para celebrar el día del nacimiento de uno. En el pueblo, se regían por costumbres, casi todas adoptadas de los animales y jamás habían visto a un toro, ni una cabra, ni una gallina, ratón, perro o pez, celebrar el día de su nacimiento.
Juanma medía algo más de un metro, de escaso pelo, su bizquera era tan pronunciada que apenas podía nadie fijarse en que carecía de dientes, su nariz parecía que se la habían arrojado desde lejos, quedando pegado en la cara un pegote deforme entre los estrábicos ojos condenados a mirarla. Sus robustos brazos llenos de un pelo negro que escaecía en su cabeza, colgaban inertes junto al fornido cuerpo, y se remataban en unos dedos gruesos y peludos.
Por encima de la casa de doña Tula, vivían don José y doña Angustias, matrimonio sin hijos y residentes en el pueblo desde su nacimiento. Frente a ellos, en la casa más alta, don Frasquito, el más listo de todos los habitantes, se había apoderado de la casa del párroco, que los había dejado hacía tanto que ya nadie se acordaba de él, a excepción de Juan. Este vecino nunca quiso que se le pusiera el don delante, decía que su único don era ver el futuro. De vez en cuando, cuando se cruzaba con don Frasquito, y le decía:
-¡Ya verás, ya verás!, En cuanto el párroco se canse de estar con Dios, baja y te quita la casa. Te lo digo porque lo vi en sueños... Y se iba como si nada hubiera pasado.
Cuando el párroco murió, vino un automóvil y se llevó el cuerpo, los vecinos preguntaron a donde iban, y el conductor dijo:
- Me lo llevo a la ciudad, el párroco se va con Dios.
Y ya nunca más se les volvió a ver, ni a él ni al conductor del coche.
La primera casa habitada estaba ocupada por doña Mencía, hacía un pan exquisito, y a Juanma le encantaba atravesar todo el pueblo hasta su casa para ayudarla a amasar el pan y hornearlo. Siempre se llevaba a casa una hogaza.
¡Cumbrescondida!, el pueblo de nueve habitantes que cambió los designios del mundo, y que ha quedado olvidado en la historia.
Bajando la cuesta se llegaba a su vivienda; de piedra maciza y tejado de toscas tejas cubiertas de rastrojos, era también ese, el final del camino. Subiendo por la empinada vía de tierra, se accedía al resto del pueblo, que se alojaba en su totalidad a este lado de la ladera. El único acceso que se tenía al mismo, estaba por la otra cara. Esta particularidad de estar situado en el lado opuesto de la montaña, hacia que nadie se diera cuenta del mismo hasta que prácticamente ya estaba en su interior.
Juanma era muy querido por todos, nadie jamás le afeó su condición, y él no se sentía ni diferente ni extraño entre sus vecinos. En la casa más cercana vivía doña Tula, la más anciana del lugar, cuentan que tenía ciento cincuenta años. Aunque Juanma lo desconocía, ya que nunca había visto a la señora Tula soplar unas velas. A decir verdad, nunca había visto a nadie soplar velas ni sabía lo que era un cumpleaños ni una fiesta para celebrar el día del nacimiento de uno. En el pueblo, se regían por costumbres, casi todas adoptadas de los animales y jamás habían visto a un toro, ni una cabra, ni una gallina, ratón, perro o pez, celebrar el día de su nacimiento.
Juanma medía algo más de un metro, de escaso pelo, su bizquera era tan pronunciada que apenas podía nadie fijarse en que carecía de dientes, su nariz parecía que se la habían arrojado desde lejos, quedando pegado en la cara un pegote deforme entre los estrábicos ojos condenados a mirarla. Sus robustos brazos llenos de un pelo negro que escaecía en su cabeza, colgaban inertes junto al fornido cuerpo, y se remataban en unos dedos gruesos y peludos.
Por encima de la casa de doña Tula, vivían don José y doña Angustias, matrimonio sin hijos y residentes en el pueblo desde su nacimiento. Frente a ellos, en la casa más alta, don Frasquito, el más listo de todos los habitantes, se había apoderado de la casa del párroco, que los había dejado hacía tanto que ya nadie se acordaba de él, a excepción de Juan. Este vecino nunca quiso que se le pusiera el don delante, decía que su único don era ver el futuro. De vez en cuando, cuando se cruzaba con don Frasquito, y le decía:
-¡Ya verás, ya verás!, En cuanto el párroco se canse de estar con Dios, baja y te quita la casa. Te lo digo porque lo vi en sueños... Y se iba como si nada hubiera pasado.
Cuando el párroco murió, vino un automóvil y se llevó el cuerpo, los vecinos preguntaron a donde iban, y el conductor dijo:
- Me lo llevo a la ciudad, el párroco se va con Dios.
Y ya nunca más se les volvió a ver, ni a él ni al conductor del coche.
La primera casa habitada estaba ocupada por doña Mencía, hacía un pan exquisito, y a Juanma le encantaba atravesar todo el pueblo hasta su casa para ayudarla a amasar el pan y hornearlo. Siempre se llevaba a casa una hogaza.
¡Cumbrescondida!, el pueblo de nueve habitantes que cambió los designios del mundo, y que ha quedado olvidado en la historia.
viernes, 17 de febrero de 2017
Miedo
Me he quedado seco,
no hace mucho, las ideas fluían en mi cabeza y conformaban mundos
paralelos donde era tan feliz como lo pueda ser en este terrenal.
De un tiempo a esta
parte, mi mundo imaginario está congelado. Apenas logro esbozar un
inicio, una página de mi “imagilandia” o tierra de la
imaginación. Y al cabo de unos segundos desaparece, se seca como la
gota de agua sobre la sartén caliente. Se evaporan esos sueños para
topar de bruces con un realidad de la cual nada quiero saber.
Mi realidad es como
la de todos, anodina si no tienes algo a lo que agarrarte. Las mentes
menos pre-claras, se adhieren a equipos de fútbol o partidos
políticos, anexionados como si la vida le fuese en ello para acabar
con su rival. Tienen almas de soldados rasos, masas ingentes
espoleadas por un motivo en común, una bandera que pueda
representar cualquier cosa, todo lo que ella defienda les parecerá
bien.
Otras mentes más
avanzadas intentan disfrutar moviendo los hilos y se regocijan de su
capacidad de moldear los pensamientos ajenos. Son los peligrosos de
verdad.
Unos pocos, nos
conformamos con crear mundos imaginarios, algunos lo plasman en
lienzos, otros en robot o maquinarias increíbles, otros pocos
vomitamos letras en papel o pantallas de ordenador que brillan como
luciérnagas en la noche.
Trato de leer, pero
un libro me atiborra de nuevos inicios, corro hacia el papel en
blanco que parpadea en la pantalla esperando ver algo impreso, y
antes de llegar al ordenador, toda idea se pierde.
Mi cuerpo físico
está cansado, el psicológico, que siempre se ha valido de ello para
explorar y aventurar nuevas historia, está sentado junto al cuerpo
natural en el sofá, viendo sin ver, comiendo sin comer, saturando
todo con borbotones de anodina existencia.
Las dos de la
mañana, deambulo por la casa como alma errante, tengo ganas de
escribir, estoy creativo, me siento bien. Me acuesto y duermo feliz,
mañana he de madrugar. Soy un cobarde por no atreverme a esforzarme
por lo que quiero, sufro, lo paso mal, siento que mi mundo feliz se
apaga.
Un nuevo día, ya
avanza el año, miro hacia la pantalla del ordenador y el folio está
en blanco, mañana es el día de los enamorados, unos años atrás,
por estas fechas ya tenía escrito más de dos docena de relatos. El
pozo sigue seco.
miércoles, 15 de febrero de 2017
“Laboradicto”
Encerrado
en una habitación acolchada, atado e inmóvil sobre la cama, no
dejaba de pensar en aquellas tardes en el lago junto a su familia;
paseando y dando de comer a los cisnes de la mano de sus pequeñas.
Escuchó
pasos, se puso en guardia y detuvo la mente en aquella imagen
idílica. No quiso romper lo único que le daba felicidad para
regresar a la dura realidad.
-Bloqueo
mental con tendencia parricida,-sentenció el psiquiatra mirando al
juez y al alguacil de la prisión- causado por exceso de trabajo y
nada de ocio
viernes, 2 de diciembre de 2016
Fiesta
Vivían en la ignorancia de lo que sucedía a su alrededor, no quisieron ver la otra realidad, la cruel y dura verdad que los rodeaba, haciendo gala del más puro estilo de vida Epicúreo, ni tan siquiera dirigieron su mirada hacia el exterior, bordeaban las ventanas para no mirar ni de reojo el caos que ya llegaba a sus jardines. Escuchaban la música en aquella fiesta que parecía interminable, pero no hay fiesta eterna.
Los primeros invitados en abandonar el baile se toparon con una realidad que les agujereó el alma, poco a poco el salón fue quedando vacío, ya hacía tiempo que los músicos habían dejado de tocar, serpentinas, copas a medio vaciar, botellas de champán por todas las mesas auxiliares, evidenciaban que aquella había sido una fiesta mítica.
El anfitrión la había abandonado a la vez que los músicos entonaron la última de las baladas. Un tiro en la cabeza acabó con su vida y la de su compañera.
Setenta años después, otra fiesta se celebra, ahora han puesto papel celofán en las ventanas para que disimule el drama del exterior, quienes golpean las ventanas con fuerza son apartados por los equipos de seguridad para que no enturbien la diversión de los de adentro. ¿Hasta cuando?...el tiempo nos lo dirá.
Los primeros invitados en abandonar el baile se toparon con una realidad que les agujereó el alma, poco a poco el salón fue quedando vacío, ya hacía tiempo que los músicos habían dejado de tocar, serpentinas, copas a medio vaciar, botellas de champán por todas las mesas auxiliares, evidenciaban que aquella había sido una fiesta mítica.
El anfitrión la había abandonado a la vez que los músicos entonaron la última de las baladas. Un tiro en la cabeza acabó con su vida y la de su compañera.
Setenta años después, otra fiesta se celebra, ahora han puesto papel celofán en las ventanas para que disimule el drama del exterior, quienes golpean las ventanas con fuerza son apartados por los equipos de seguridad para que no enturbien la diversión de los de adentro. ¿Hasta cuando?...el tiempo nos lo dirá.
viernes, 18 de noviembre de 2016
Plato único
Tras
la barra, un hombre de aspecto sucio mataba moscas con un trapo. Todo
olía a frituras; era un milagro que sanidad no le hubiera cerrado ya
el establecimiento.
Pérez
llegó a la hora acostumbrada, con más de cien kilogramos de peso,
retaba cada día a la banqueta de madera para no partirla en mil
astillas.
-¡Hola
Pedro!, saludo secándose el sudor de la barbilla. -¡El guiso del
día!, dijo mientras emitía extraños sonidos debido al esfuerzo que
le costaba respirar.
Sin
mediar palabra, Pedro le sirvió un plato enorme de carne con
tomates.
-¡Que
te aproveche!, dijo de mala gana.
En
la distancia observó como Pérez daba buena cuenta de su comida, lo
hacía con fruición, sin levantar la mirada del plato, llenando los
dos carrillos y engullendo casi sin masticar.
De
pronto, comenzó a convulsionar. Ya no emitía sonido alguno y su
rostro se azulaba por momentos, un golpe de tos y algo sobrevoló la
barra hasta caer a los pies de Pedro. Un trozo de carne con un
pequeño pendiente adherido.
-Dile
a Carmen que el guiso estaba de muerte, se despidió Pérez.
Pedro
miró el trozo de carne en el suelo y dijo:
-¡Ya
has oído!
martes, 15 de noviembre de 2016
Desconsuelo
El Domingo día 13 de Noviembre del año 2.016, la tristeza inundó nuestros corazones. Emilio perdió la lucha contra sus células malas.
Nosotros perdimos su felicidad; su manera de hablar; su actitud ante todo, bueno y malo; su dedo meñique levantado al beber; su sonrisa; su forma de tomarlo todo con calma;...
Te gustaba entrar en este blog a leer mis relatos, luego lo comentábamos. Nunca más podremos hacerlo y este, tu relato propio quedará como tu cuerpo, inerte a la espera de algún lector que te mantendrá vivo en mente, te conociera o no, al saber que existió una persona buena, una buena persona llamada Emilio Blanco Coria.
Desde que entraste a formar parte de mi vida allá por los años ochenta, cuando aún eras novio de la tía Mari, las anécdotas y recuerdos se amontonan en el baúl de mi memoria. Hoy cientos de personas han sentido tu marcha, no digo tu pérdida, porque mientras te recordemos, no habrás-no te habremos- perdido.
En el cementerio, mientras alargábamos la despedida, no pude más que contemplar a todos los que allí habíamos con lágrimas en los ojos al saber que tu cuerpo en breve desaparecerá de nuestra vida para siempre.
Cuanto dolor desparramado sobre aquellas piedras, cuantas madres, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, sobrinos, sobrinas, primos, primas, cuñados, cuñadas, amigos, amigas...habrán dejado en algún momento de su existencia dolor sobre aquellas marmóreas lápidas.
Sé que si leyeses esto, hasta me reñirías, -"sobrino, sobre mi escribe cosas alegres"-; pero esto ya no es sobre ti, es sobre mi y sobre quienes nos quedamos sin poder disfrutar de ti.
Aún pesa sobre mis dedos la pena, el desasosiego de querer decir pero no poder escribir sobre el padre que quiso a sus hijas por encima de todas las cosas; el marido que siempre tuvo un beso, un abrazo para su mujer; el cuñado que era querido por todos ya que siempre estuvo dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba; el hombre que supo darle a todos su sitio.
Tus restos descansan entre los pinos y el mar, tu recuerdo en nuestros corazones.
Hasta siempre Emilio.
Nosotros perdimos su felicidad; su manera de hablar; su actitud ante todo, bueno y malo; su dedo meñique levantado al beber; su sonrisa; su forma de tomarlo todo con calma;...
Te gustaba entrar en este blog a leer mis relatos, luego lo comentábamos. Nunca más podremos hacerlo y este, tu relato propio quedará como tu cuerpo, inerte a la espera de algún lector que te mantendrá vivo en mente, te conociera o no, al saber que existió una persona buena, una buena persona llamada Emilio Blanco Coria.
Desde que entraste a formar parte de mi vida allá por los años ochenta, cuando aún eras novio de la tía Mari, las anécdotas y recuerdos se amontonan en el baúl de mi memoria. Hoy cientos de personas han sentido tu marcha, no digo tu pérdida, porque mientras te recordemos, no habrás-no te habremos- perdido.
En el cementerio, mientras alargábamos la despedida, no pude más que contemplar a todos los que allí habíamos con lágrimas en los ojos al saber que tu cuerpo en breve desaparecerá de nuestra vida para siempre.
Cuanto dolor desparramado sobre aquellas piedras, cuantas madres, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, sobrinos, sobrinas, primos, primas, cuñados, cuñadas, amigos, amigas...habrán dejado en algún momento de su existencia dolor sobre aquellas marmóreas lápidas.
Sé que si leyeses esto, hasta me reñirías, -"sobrino, sobre mi escribe cosas alegres"-; pero esto ya no es sobre ti, es sobre mi y sobre quienes nos quedamos sin poder disfrutar de ti.
Aún pesa sobre mis dedos la pena, el desasosiego de querer decir pero no poder escribir sobre el padre que quiso a sus hijas por encima de todas las cosas; el marido que siempre tuvo un beso, un abrazo para su mujer; el cuñado que era querido por todos ya que siempre estuvo dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba; el hombre que supo darle a todos su sitio.
Tus restos descansan entre los pinos y el mar, tu recuerdo en nuestros corazones.
Hasta siempre Emilio.
viernes, 14 de octubre de 2016
Borrado
2:00 Horas. 16 de Julio de 2.012
Acabo de levantarme para ir al servicio, antes de volver a la cama me he mirado al espejo y sentí la irrefutable necesidad de sentarme en el ordenador a escribir.
Desde hace meses estoy notando una extraña sensación de cambio en mi cuerpo, para ser más exacto, en mi mente. La evolución de mi memoria ha tocado techo, ahora comienza a descomponerse, y lo peor, tengo conciencia de ello.
11:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Anoche tardé en coger el sueño, pero tras una ducha ya estoy de nuevo operativo. Cuando busqué el café en la alacena, pude observar que no sabía que buscaba, puede ser Alzehimer, espero que no sea eso, ya que es una auténtica putada tener esta enfermedad con tan solo 24 años.
14:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Estoy tranquilo, no es Alzehimer, acabo de darme cuenta que me están borrando el cerebro poco a poco, en plan experimento. Saben que sé demasiado. ¿Que quienes lo saben?, ¡El Gobierno!. No, este gobierno nuestro no, "El Gobierno" con mayúsculas, el que crea las guerras y pone y deroga presidentes. ¡Maldita sea!, no creí que diesen conmigo tan pronto.
21:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Llevo cinco horas escondido en el baño, para evitar el borrado de mi cerebro me he recubierto la cabeza con papel de aluminio, se que solo aguantará las ondas por poco tiempo, pero debo intentar que mi cabeza no se quede en blanco. Voy a ducharme.
10:00 Horas 18 de Julio de 2.012
Anoche estuve encerrado en el baño hasta las cinco de la mañana, creo que he despistado a esos malditos mercenarios cibernéticos del gobierno. No he notado lagunas ni disminución de mi capacidad de memoria en estas últimas 24 horas.
16:00 Horas 6 Noviembre de 2.014
He abierto el ordenador y me he encontrado este diario, no se quien escribió esto ahí, no se de que habla, no se escribir....
Acabo de levantarme para ir al servicio, antes de volver a la cama me he mirado al espejo y sentí la irrefutable necesidad de sentarme en el ordenador a escribir.
Desde hace meses estoy notando una extraña sensación de cambio en mi cuerpo, para ser más exacto, en mi mente. La evolución de mi memoria ha tocado techo, ahora comienza a descomponerse, y lo peor, tengo conciencia de ello.
11:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Anoche tardé en coger el sueño, pero tras una ducha ya estoy de nuevo operativo. Cuando busqué el café en la alacena, pude observar que no sabía que buscaba, puede ser Alzehimer, espero que no sea eso, ya que es una auténtica putada tener esta enfermedad con tan solo 24 años.
14:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Estoy tranquilo, no es Alzehimer, acabo de darme cuenta que me están borrando el cerebro poco a poco, en plan experimento. Saben que sé demasiado. ¿Que quienes lo saben?, ¡El Gobierno!. No, este gobierno nuestro no, "El Gobierno" con mayúsculas, el que crea las guerras y pone y deroga presidentes. ¡Maldita sea!, no creí que diesen conmigo tan pronto.
21:00 Horas 17 de Julio de 2.012
Llevo cinco horas escondido en el baño, para evitar el borrado de mi cerebro me he recubierto la cabeza con papel de aluminio, se que solo aguantará las ondas por poco tiempo, pero debo intentar que mi cabeza no se quede en blanco. Voy a ducharme.
10:00 Horas 18 de Julio de 2.012
Anoche estuve encerrado en el baño hasta las cinco de la mañana, creo que he despistado a esos malditos mercenarios cibernéticos del gobierno. No he notado lagunas ni disminución de mi capacidad de memoria en estas últimas 24 horas.
16:00 Horas 6 Noviembre de 2.014
He abierto el ordenador y me he encontrado este diario, no se quien escribió esto ahí, no se de que habla, no se escribir....
jueves, 13 de octubre de 2016
Libre
Hace unos días recibí en mi correo electrónico la invitación de una editorial para participar en un certamen cuyo título era :"Hay vida después del cáncer". Cuando leí el correo, el plazo acababa en seis horas, así que decidí, tras leer las bases, escribir este relato y enviarlo.
Todos
los sentidos los tenía a flor de piel; el olor a mar inundaba sus
fosas nasales; el ruido de las olas la alejaban de la ciudad; el
sabor a sal la invitaban al baño; el suave tacto de la brisa sobre
su desnuda piel hacía que cada poro cobrase vida propia.
Abrió
los ojos para cerciorarse que, tras tantos meses aislada, aquello era
real. Cuando vio las cicatrices de sus inexistentes pechos una mueca
se dibujó en su cara. Sonrió y corrió desnuda hacia el mar, feliz
por volver a sentirse libre.
martes, 11 de octubre de 2016
Amores perros
Deambulaba por aquella ciudad asfaltada, llena de autos y edificios, apenas podía verse el celeste cielo. Vestido impecable de traje hablaba sólo, no elevaba la voz, pero cualquiera que se situase a no menos de un paso, podría oír con toda nitidez lo que decía.
-Sí, debajo de la cama-. Silencio y mirada perdida sobre los transeúntes que iban y venían.
Notó la afilada hoja de metal incrustarse en su riñón derecho, la punzada de dolor hizo que emitiera un grito que la marea humana que desfilaba por la amplia acera se movilizó para describir un círculo a su alrededor dejando un hueco lo suficientemente amplio para que aquel hombre se diese cuenta que a pesar de estar rodeado de personas, se sintiese solo.
Allí tirado en la fría acera gris, notaba como su ropa se empapaba de la caliente sangre que se enfriaba y le producía una extraña sensación sobre la piel. Observó con detenimiento lo que hacía años no había mirado, se tuvo que retrotraer a su más tierna infancia, a cuando su abuelo lo llevaba al parque y le enseñaba el cielo, los árboles,...
-¡Joder, este traje vale más de mil euros!-, murmuraba mentalmente mientras sabía que la sangre, la orina, la suciedad del suelo se impregnaba sobre las costosas telas.
-¡Cariño, cariño!...-oía la voz de un ser querido, alguien conocido. ¡Era Cati!, Catalina, su mujer, aquella que se enamoró de forma extraña, y a la que utilizaba como ama de casa y de vez en cuando le echaba un mal polvo que la contentaba.
-¡Me han apuñalado!-, apenas reconocía su propia voz.
-¿Duele?-, preguntó con una voz demasiado tranquila. Más que la pregunta, que ya de por sí era extraña, lo que le sorprendió fue el tono con el que efectuó la pregunta.
-Sí Cati, duele y mucho-.
Silencio al otro lado.
-¡Cati, nadie se para a ayudarme!, ¡Avisa a una ambulancia!-. Su voz sonaba patética, él Gumersindo Fernández ¿suplicando?.
-¿Duele cariño?- Insistió la voz al otro lado de la línea.
-Sí, si duele, ¡Joder!, pide ayuda.- exclamó sobrepasado por las circunstancias.
-Me alegro-, continuó hablando la voz de la mujer, sin sobresaltarse.
-¿Cómo?- Dijo el moribundo.
-Que me alegro que te duela, que sufras como me has hecho sufrir a mí, te revuelques en la mierda suplicando un poco de compasión, que sepas que mi infelicidad, tus traiciones, desprecios, abusos, los estás ahora pagando, y lo que más siento es que si mueres, tu dolor será efímero, mientras que el mío dura años.
-Pi-pi-pi.
-¡Hija de puta!, como puede se arrastra por la acera, el círculo de viandantes se mueve acompasado a su desplazamiento, llega hasta el mismo borde de la acera, tras él puede escuchar un:
-¡Eh taxi!, seguido de un silbido.
-¡Crush !, la rueda del taxi revienta la cabeza del moribundo.
Tras el taxi una ambulancia, sólo pueden certificar la muerte del individuo por aplastamiento de cráneo.
-Sí, debajo de la cama-. Silencio y mirada perdida sobre los transeúntes que iban y venían.
Notó la afilada hoja de metal incrustarse en su riñón derecho, la punzada de dolor hizo que emitiera un grito que la marea humana que desfilaba por la amplia acera se movilizó para describir un círculo a su alrededor dejando un hueco lo suficientemente amplio para que aquel hombre se diese cuenta que a pesar de estar rodeado de personas, se sintiese solo.
Allí tirado en la fría acera gris, notaba como su ropa se empapaba de la caliente sangre que se enfriaba y le producía una extraña sensación sobre la piel. Observó con detenimiento lo que hacía años no había mirado, se tuvo que retrotraer a su más tierna infancia, a cuando su abuelo lo llevaba al parque y le enseñaba el cielo, los árboles,...
-¡Joder, este traje vale más de mil euros!-, murmuraba mentalmente mientras sabía que la sangre, la orina, la suciedad del suelo se impregnaba sobre las costosas telas.
-¡Cariño, cariño!...-oía la voz de un ser querido, alguien conocido. ¡Era Cati!, Catalina, su mujer, aquella que se enamoró de forma extraña, y a la que utilizaba como ama de casa y de vez en cuando le echaba un mal polvo que la contentaba.
-¡Me han apuñalado!-, apenas reconocía su propia voz.
-¿Duele?-, preguntó con una voz demasiado tranquila. Más que la pregunta, que ya de por sí era extraña, lo que le sorprendió fue el tono con el que efectuó la pregunta.
-Sí Cati, duele y mucho-.
Silencio al otro lado.
-¡Cati, nadie se para a ayudarme!, ¡Avisa a una ambulancia!-. Su voz sonaba patética, él Gumersindo Fernández ¿suplicando?.
-¿Duele cariño?- Insistió la voz al otro lado de la línea.
-Sí, si duele, ¡Joder!, pide ayuda.- exclamó sobrepasado por las circunstancias.
-Me alegro-, continuó hablando la voz de la mujer, sin sobresaltarse.
-¿Cómo?- Dijo el moribundo.
-Que me alegro que te duela, que sufras como me has hecho sufrir a mí, te revuelques en la mierda suplicando un poco de compasión, que sepas que mi infelicidad, tus traiciones, desprecios, abusos, los estás ahora pagando, y lo que más siento es que si mueres, tu dolor será efímero, mientras que el mío dura años.
-Pi-pi-pi.
-¡Hija de puta!, como puede se arrastra por la acera, el círculo de viandantes se mueve acompasado a su desplazamiento, llega hasta el mismo borde de la acera, tras él puede escuchar un:
-¡Eh taxi!, seguido de un silbido.
-¡Crush !, la rueda del taxi revienta la cabeza del moribundo.
Tras el taxi una ambulancia, sólo pueden certificar la muerte del individuo por aplastamiento de cráneo.
lunes, 3 de octubre de 2016
muerte
La muerte debe esperar, salí de casa con lo primero que pillé, las escaleras las bajaba de dos en dos, pobre vecina del tercero que casi la arrollo al liarse mis pies con la correa de su pekinés, ¿Quien tiene ya pequinés cuando la raza lame coños de moda son los yorkshire?, caí rodando hasta toparme con la pared, el perro chillaba, me desembaracé de aquella cuerda que se liaba entre mis pies y continué la bajada, ya os he dicho que la muerte debía esperar, no me hice absolutamente nada en aquella tremenda caída, del pekinés no puedo decir lo mismo, ya que le pisé la cabeza antes de poder deshacer el último de los lazos que me unía a él.
Imagino que os preguntaréis que a donde iba tan corriendo, y porqué la muerte no me alcanzó. Para ello deberíamos irnos dos semanas atrás, cuando realmente la muerte me dio caza. Cruzaba el semáforo en verde, cuando la moto de correos me arrolló.
Os podéis imaginar el zipi zape que allí se formó, la señora que conducía la motocicleta desmayada, la gente acudiendo a ambos, mi cartera voló en mano de una experimentada joven que se apropió de lo ajeno aprovechando la confusión. Y mi alma que se sacudía el polvo de los pantalones a la vez que decía:
-No ha pasado nada, todo ha sido un susto-. Chico susto el que me llevé al verme tirado y sin respirar. Cuando apareció la parca negocié, ¿Que es imposible?, bueno, aquí estoy y no me sobra precisamente el tiempo para perder lo en tratar de convenceros.
Desde hace dos semanas ando dando esquinazo a tan incisivo personaje, pero me temo que esta será mi última historia.
Imagino que os preguntaréis que a donde iba tan corriendo, y porqué la muerte no me alcanzó. Para ello deberíamos irnos dos semanas atrás, cuando realmente la muerte me dio caza. Cruzaba el semáforo en verde, cuando la moto de correos me arrolló.
Os podéis imaginar el zipi zape que allí se formó, la señora que conducía la motocicleta desmayada, la gente acudiendo a ambos, mi cartera voló en mano de una experimentada joven que se apropió de lo ajeno aprovechando la confusión. Y mi alma que se sacudía el polvo de los pantalones a la vez que decía:
-No ha pasado nada, todo ha sido un susto-. Chico susto el que me llevé al verme tirado y sin respirar. Cuando apareció la parca negocié, ¿Que es imposible?, bueno, aquí estoy y no me sobra precisamente el tiempo para perder lo en tratar de convenceros.
Desde hace dos semanas ando dando esquinazo a tan incisivo personaje, pero me temo que esta será mi última historia.
sábado, 27 de agosto de 2016
Vacaciones
-Nunca pensé que
esto pudiera ocurrirme a mí. ¿Cuantas veces había oído esa frase
a lo largo de mi vida?, tantas que no sabría decir la cantidad
exacta. Mi trabajo como médico oncólogo en el Hospital
Universitario de Puerto Real me habían llevado a transmitir tan mala
noticia a tantos pacientes, que el día que me tocó a mi, repetí indefectible la
frase que tanto había oído de boca de los aflijidos pacientes.
Me llamo Juan
Salvador Gaviño, sí, la broma de la gaviota me la habían echo
hasta la saciedad. La gente se repite, nos repetimos en lo que
creemos que pueda ser un alarde de ingenio para convertirlo en un
bucle cansino y poco afortunado.
-¿Cómo se llama
Usted?
-Juan Salvador
Gaviño
¡Ah!, decían a la
vez que asomaba una sonrisa estúpida y cambiaban de manera estudiada
a cara de ser ingenioso e ilustrado. ¡Juan Salvador Gaviota!, ¡como
el libro!.
El hecho de recalcar
que mi nombre era como el título de la obra más reconocida de Bach,
me repateaba el hígado, pero como buen ser humano sacaba mi cara más
falsa para sonreír de manera que pareciese que acababa de oír por
primera vez aquel ingenioso chascarrillo.
Los análisis no
engañaban, Juan Salvador “Gaviota” tenía metástasis por todo
el cuerpo, a lo sumo, viviría tres meses más. Miré mi reloj, vaya
fastidio, lo tarde que es con la de cosas que tengo aún que hacer.
Cerré la carpeta que contenía el informe, me despojé de la bata
blanca y salí con los papeles bajo el brazo dirección de la oficina
del director jefe.
-Buenas tardes,
dije a la vez que accedía al despacho del director jefe, en la
puerta una pequeña placa informaba de quien había tras la puerta,
M. Sánchez López.
-Hola Miguel, dije
mientras me sentaba en el sillón rojo frente a la mesa atestada de
papeles e informes del médico jefe. Miguel me saludó sin levantar
la vista de los folios que leía. Pude fijarme con atención en aquel
pequeño hombre, pasaría de largo los cuarenta pero nada delataba su
edad. El pelo lacio separado por una línea hecha con regla aún
permanecía zaino, un poblado bigote bajo la nariz desproporcionada
para aquella cara, aún más pronunciada por la pequeña gafa sin
monturas que usaba, se movía debido a la lectura silenciosa que
hacía el médico. Su despacho estaba repleto de estanterías con
libros y archivadores, una pequeña ventana era insuficiente para
llenar de claridad la estancia, que al igual que todo el hospital, se
iluminaba de fluorescentes.
No sentía nada, ni
dolor, ni miedo, ni rabia. Esperaba paciente observando todo a mi
alrededor, a sabiendas que todo carecía de importancia e interés,
salvo que tenía mis horas contadas. Pero aún así, mi estado
anímico seguía siendo el mismo que adquirí tras tomar mi primer
café.
-Tú dirás,
interrumpió mis pensamientos las voz grave que parecía salir de lo
más profundo de una caverna, impropia de aquel pequeño hombrecillo.
Sin mediar palabra le arrojé mis informes sobre la mesa.
Miguel sin apartar
sus ojos que asomaban por encima de las lentes sobre su inmensa nariz
de los míos, tomo el informe y solo hasta que tuvo los papeles a la
distancia correcta y en posición para el enfoque correcto no dejó
de mirarme para fijarse en los documentos.
Su cara se iba
demudando, cuando acabó de escudriñar todos los datos dijo de
manera casi automática.
- ¡Vaya por Dios!
- ¿Qué tiene que
ver Dios en todo esto?, dije en un tono monótono.
Miguel,
acostumbrado a mi estado ateo, ni tan siquiera se dignó a replicar.
- ¿Qué piensas
hacer?
- Nada, fue mi
lacónica respuesta.
- ¿No quieres
entrar en ningún programa experimental?, aventuró a modo de último salvavidas.
Sonreí de medio
lado, negué con la cabeza y dije con el mismo tono invariable:
-Me tomo estos tres
meses de vacaciones.
martes, 23 de agosto de 2016
MIEDO
El MIEDO, así con mayúsculas. Todos tenemos miedo, es algo intrínseco a los seres vivos, el miedo nos hace ser prudentes y ayuda a que las especies sobrevivan, aunque siempre hay individuos que carecen de una parte de los miedos o de casi su totalidad. Hay personas que si oyen un ruido, no se tapan con la sábana protectora de cuchillos, y son capaces de levantarse de la cama e ir a ver que ocasionó el estruendo; o quienes son capaces de escalar montañas imposibles o descender a cavernas jamás visitadas. El miedo, esa sensación tan subjetiva y tan aprovechada; Explotada por sacerdotes y escritores, pasando por madres, profesores, cineastas... El miedo a Morir; a ser devorados; a que te entierren vivo; a perder a un ser querido; al dolor; a la condena eterna; a la oscuridad; a las alturas; a los seres de otras especies; a lo desconocido... Sólo para aquellos pocos valientes que no tienen miedo y se diferencian de los de su especie, va dirigido el relato que podrán leer en mi blog. Una vez leído, sabed que os convertiréis en mansos corderos temerosos de la manada.
martes, 5 de julio de 2016
María
María era una niña de once años con una imaginación desbordante, enjuta y con una cabeza rubia llena de rizos, su pequeña nariz se perdía entre los dos grandes ojos de color verde. Todos los día se retrasaba en la llegada del colegio y le presentaba a su madre las más dispares de las historias para justificar su tardanza.
Así, un día le dijo a su madre, que cuanto más rápido avanzaba, más largo se hacía el camino, este se estiraba como chicle y jamás lograba llegar a casa, y que gracias a su ingenio, pudo llegar a una esquina y bordear a la calle esa que no la dejaba avanzar.
Otro día que llegó llena de tierra, sucia como si se hubiese bañado en lodo y también a horas intespestivas, le contó a su madre que la calle se había derretido, y que casi se la traga, pero que una cigüeña se apiadó de ella y le ofreció sus patas para que se agarrase y poder salir volando de aquella muerte segura.
Su madre, viuda y que se desvivía por su niña María, evitaba enfadarse y escuchaba con estoicismo las fábulas que su hija le narraba, tal era el énfasis que la niña ponía al contar aquellas historias decorándolas con detalles y sensaciones, que a su madre se le difuminaba el enfado y acababa embelesada escuchando con apremio las luchas de su hija por llegar sana y salva a su casa.
Aquel Viernes todo fue diferente. La madre de María no tenía que trabajar, así que decidió ir a recogerla al colegio, e irse a comer algo a un bar. Cuando desde la acera vio a su hija salir del colegio, un vuelco le dio en el corazón. No podía creer lo que veía, su rostro se descompuso y entonces rompió a llorar.
Así, un día le dijo a su madre, que cuanto más rápido avanzaba, más largo se hacía el camino, este se estiraba como chicle y jamás lograba llegar a casa, y que gracias a su ingenio, pudo llegar a una esquina y bordear a la calle esa que no la dejaba avanzar.
Otro día que llegó llena de tierra, sucia como si se hubiese bañado en lodo y también a horas intespestivas, le contó a su madre que la calle se había derretido, y que casi se la traga, pero que una cigüeña se apiadó de ella y le ofreció sus patas para que se agarrase y poder salir volando de aquella muerte segura.
Su madre, viuda y que se desvivía por su niña María, evitaba enfadarse y escuchaba con estoicismo las fábulas que su hija le narraba, tal era el énfasis que la niña ponía al contar aquellas historias decorándolas con detalles y sensaciones, que a su madre se le difuminaba el enfado y acababa embelesada escuchando con apremio las luchas de su hija por llegar sana y salva a su casa.
Aquel Viernes todo fue diferente. La madre de María no tenía que trabajar, así que decidió ir a recogerla al colegio, e irse a comer algo a un bar. Cuando desde la acera vio a su hija salir del colegio, un vuelco le dio en el corazón. No podía creer lo que veía, su rostro se descompuso y entonces rompió a llorar.
viernes, 17 de junio de 2016
El Hombre Araña
-Me llamo Marcos, tengo 31 años y vivo en una pequeña ciudad al sur de Andalucía.
La habitación no era muy grande, del techo caía un micrófono, aquello le recordaba demasiado a un cuadrilátero de boxeo, y frente a él un espejo donde se veía reflejado. Sabía que detrás del espejo tres personas lo observaban con detenimiento y grababan todo lo que entre aquellas blancas paredes estaba sucediendo.
Todo empezó el invierno del año pasado, debido a un fuerte resfriado, combinaba unos potentes fármacos para aliviar mi mal estar. Al estar bajo los efectos de los analgésicos no noté como una araña había inoculado su veneno en mi torrente sanguíneo.
Una semana después, comencé a sentir los efectos de la picadura. Trabajo en una refinería, limpiando las gigantescas cubetas donde se depositan los distintos elementos de la transformación del petróleo. Eso junto a la radio actividad de los submarinos nucleares que pasan por el estrecho, aceleraron la mutación.
Mi cuerpo se transformó, mis caderas se desplazaron hacia detrás creciendo dos piernas nuevas, bajo mis brazos, brotaron dos nuevos, así fue como se convirtió mi cuerpo en una mutación muy desagradable, mezcla de homínido y artrópodo.
Mi vista no es aguda, pero he desarrollado una gran capacidad olfativa, y cada vello de mi cuerpo es capaz de determinar la humedad del aire y la temperatura.
La alimentación también ha variado, ya no como verduras, actualmente solo devoro perros, gatos, gallinas,...
-No doy crédito, le decía la doctora Susana López a sus compañeros, el doctor Francisco Prieto y Roberto Muñoz.
La habitación no era muy grande, del techo caía un micrófono, aquello le recordaba demasiado a un cuadrilátero de boxeo, y frente a él un espejo donde se veía reflejado. Sabía que detrás del espejo tres personas lo observaban con detenimiento y grababan todo lo que entre aquellas blancas paredes estaba sucediendo.
Todo empezó el invierno del año pasado, debido a un fuerte resfriado, combinaba unos potentes fármacos para aliviar mi mal estar. Al estar bajo los efectos de los analgésicos no noté como una araña había inoculado su veneno en mi torrente sanguíneo.
Una semana después, comencé a sentir los efectos de la picadura. Trabajo en una refinería, limpiando las gigantescas cubetas donde se depositan los distintos elementos de la transformación del petróleo. Eso junto a la radio actividad de los submarinos nucleares que pasan por el estrecho, aceleraron la mutación.
Mi cuerpo se transformó, mis caderas se desplazaron hacia detrás creciendo dos piernas nuevas, bajo mis brazos, brotaron dos nuevos, así fue como se convirtió mi cuerpo en una mutación muy desagradable, mezcla de homínido y artrópodo.
Mi vista no es aguda, pero he desarrollado una gran capacidad olfativa, y cada vello de mi cuerpo es capaz de determinar la humedad del aire y la temperatura.
La alimentación también ha variado, ya no como verduras, actualmente solo devoro perros, gatos, gallinas,...
-No doy crédito, le decía la doctora Susana López a sus compañeros, el doctor Francisco Prieto y Roberto Muñoz.
miércoles, 1 de junio de 2016
Los Gonzalez
Mi abuelo se llamaba Iñigo Zurragamendi, cuando se trasladó al sur con toda su familia, pasó a llamarse "el vasco", mucho más cómodo de hilvanar en las bocas sureñas que cualquier apellido de las vascongadas. Pero a mi abuelo se le conocería después por muchos otros apodos.
Abu, así es como yo le llamaba, todos los demás nietos y nietas le llamaban Señor, yo al ser la primogénita, desfloré su endurecido corazón, que andaba limpio de afecto y obtuve el cariño de aquel hombre impertérrito. Como os iba diciendo, Abu era un tipo muy vikingo, no solo en su fornido aspecto físico, también en su forma de pensar y actuar. Por ello, a su muerte, quiso que le quemaran en un barco y lanzaran su cuerpo al mar. Algo que se negó en rotundo mi abuela, que cedió en parte y solo permitió que se quemara el cuerpo tras un padrenuestro silencioso.
Así, dispuso que en el jardín de la casa se hiciera una cama de leña, en la cual reposó el cadáver que estuvo ardiendo dos días. Una lluvia primaveral hizo que mi abuelo terminara por extinguirse.
Esa misma tarde, hice un alcorque con los restos de la ceniza y planté en él un fresno. Tiempo después, descubrí que el árbol fue intensamente regado por las lágrimas de mi abuela, que cada amanecer se acercaba a hablar al fresno como si de su marido se tratase; y acababa de rodillas, arrancando los pequeños brotes de hierba que intentaban nacer en los dominios de la tumba; derramando lágrimas como una fuente.
Escribo estas líneas cobijada por las ramas del árbol que hace años planté, aún siento como mi abuelo mira por encima de mi hombro a ver que ando tramando y escribiendo.
Abu, así es como yo le llamaba, todos los demás nietos y nietas le llamaban Señor, yo al ser la primogénita, desfloré su endurecido corazón, que andaba limpio de afecto y obtuve el cariño de aquel hombre impertérrito. Como os iba diciendo, Abu era un tipo muy vikingo, no solo en su fornido aspecto físico, también en su forma de pensar y actuar. Por ello, a su muerte, quiso que le quemaran en un barco y lanzaran su cuerpo al mar. Algo que se negó en rotundo mi abuela, que cedió en parte y solo permitió que se quemara el cuerpo tras un padrenuestro silencioso.
Así, dispuso que en el jardín de la casa se hiciera una cama de leña, en la cual reposó el cadáver que estuvo ardiendo dos días. Una lluvia primaveral hizo que mi abuelo terminara por extinguirse.
Esa misma tarde, hice un alcorque con los restos de la ceniza y planté en él un fresno. Tiempo después, descubrí que el árbol fue intensamente regado por las lágrimas de mi abuela, que cada amanecer se acercaba a hablar al fresno como si de su marido se tratase; y acababa de rodillas, arrancando los pequeños brotes de hierba que intentaban nacer en los dominios de la tumba; derramando lágrimas como una fuente.
Escribo estas líneas cobijada por las ramas del árbol que hace años planté, aún siento como mi abuelo mira por encima de mi hombro a ver que ando tramando y escribiendo.
martes, 31 de mayo de 2016
Dragón
La noche había dura, muy dura. Drogas, sexo, alcohol. Los mil euros que había cobrado habían desaparecido de su bolsillo en un solo día, invirtió el capital en placeres efímeros que solo se reflejarían ahondando la decrepitud de su cuerpo y en su debilitada memoria.
La casa en la que vivía, embargada por las deudas, había conocido tiempo mejores, ahora, paredes vacías, donde la pintura que quedaba no era más que un reflejo de lo que en otro día fue. Una butaca, un catre y una televisión en blanco y negro depositada en el suelo, que hacía las veces de mesa, para apoyar un cenicero al que no se le veía el fondo desde hacía años.
Una caja oscura y vacía era su morada, su mundo exterior era un reflejo de su interior. Aquel día había sido épico, la garganta le quemaba por el exceso de alcohol, tabaco y cocaína. Se levantó del sofá y se dejó caer en la cama, mientras caía sobre el mugriento colchón, se daba cuenta que aquella había sido una mala idea, mientras su cuerpo se inclinaba y adoptaba la posición horizontal, de su estómago brotaban los jugos gástricos quemando todo resto de debilitada piel, subía proporcionalmente a la misma velocidad que el cuerpo caía. Intentó estabilizarse en el aire, pero la maldita gravedad hacía cumplir su ley, era una justicia implacable. Las sudadas sábanas estaban tan próximas a su cara como el vómito de ácido a su boca. Rebotó sobre el colchón, pero el fuego salió de su boca sin control, esparciendo el corrosivo líquido mezclado con sangre por todos lados. Cuando su cara volvió a posarse sobre las ya húmedas sábanas, la quemazón había acabado y pudo dormir el sueño eterno de los dragones.
La casa en la que vivía, embargada por las deudas, había conocido tiempo mejores, ahora, paredes vacías, donde la pintura que quedaba no era más que un reflejo de lo que en otro día fue. Una butaca, un catre y una televisión en blanco y negro depositada en el suelo, que hacía las veces de mesa, para apoyar un cenicero al que no se le veía el fondo desde hacía años.
Una caja oscura y vacía era su morada, su mundo exterior era un reflejo de su interior. Aquel día había sido épico, la garganta le quemaba por el exceso de alcohol, tabaco y cocaína. Se levantó del sofá y se dejó caer en la cama, mientras caía sobre el mugriento colchón, se daba cuenta que aquella había sido una mala idea, mientras su cuerpo se inclinaba y adoptaba la posición horizontal, de su estómago brotaban los jugos gástricos quemando todo resto de debilitada piel, subía proporcionalmente a la misma velocidad que el cuerpo caía. Intentó estabilizarse en el aire, pero la maldita gravedad hacía cumplir su ley, era una justicia implacable. Las sudadas sábanas estaban tan próximas a su cara como el vómito de ácido a su boca. Rebotó sobre el colchón, pero el fuego salió de su boca sin control, esparciendo el corrosivo líquido mezclado con sangre por todos lados. Cuando su cara volvió a posarse sobre las ya húmedas sábanas, la quemazón había acabado y pudo dormir el sueño eterno de los dragones.
miércoles, 20 de abril de 2016
El General Demócrata
Corría el año 258 A.C., Cartago envía al cuestionado general Anibal Giscón defender la isla de Cerdeña. Tras una vida azarosa con derrotas y victorias en su haber, la pérdida de toda la flota cartaginesa contra los romanos, puso su cabeza pendiente de un hilo, tal y como le sucedería al envidioso de Damocles; cuando el tirano Dinisio I, le dejó sentarse por una noche en su trono. Durante el banquete, el ciudadano se dio cuenta que una espada estaba sujeta por un hilo sobre su efímero trono. El rey, le advirtió que esa noche disfrutaría de los lujos, y los peligros que él mismo padecía cada día.
Debía defender una plaza complicada, así decidió repartir la responsabilidad con sus soldados, sometió a votaciones los turnos de vigilancia, las tácticas que se debían emplear en los ataques, el reparto de alimentos... los días pasaban en poner de acuerdo a tanto soldado ocioso, que prefería discutir en corrillos a prepararse ante la inminente batalla.
Los espías Romanos, pronto dieron cuenta a sus cónsules del estado democrático en el que estaba sumida la isla. El ataque y la victoria se realizó con celeridad. Los soldados no sabían que hacer, Giscón sometía a votación todo, sus generales se desesperaban al ver que cada decisión, se realizaba tarde. Al final perdieron Cerdeña, y los que lograron huir, culparon de su desgracia al general demócrata, al que crucificaron por no haber sido capaz de ganar al pueblo romano.
Debía defender una plaza complicada, así decidió repartir la responsabilidad con sus soldados, sometió a votaciones los turnos de vigilancia, las tácticas que se debían emplear en los ataques, el reparto de alimentos... los días pasaban en poner de acuerdo a tanto soldado ocioso, que prefería discutir en corrillos a prepararse ante la inminente batalla.
Los espías Romanos, pronto dieron cuenta a sus cónsules del estado democrático en el que estaba sumida la isla. El ataque y la victoria se realizó con celeridad. Los soldados no sabían que hacer, Giscón sometía a votación todo, sus generales se desesperaban al ver que cada decisión, se realizaba tarde. Al final perdieron Cerdeña, y los que lograron huir, culparon de su desgracia al general demócrata, al que crucificaron por no haber sido capaz de ganar al pueblo romano.
jueves, 7 de abril de 2016
MUERTOS VIVIENTES
La noche hacía
rato que se había ido, mi amigo Marcelo y yo volvíamos cansados a
casa. Sentados en el vacío vagón de metro, esperábamos impacientes
llegar a nuestra estación.
La próxima era la
nuestra, el tren comenzó a disminuir la marcha, pudimos ver que en
el andén, cientos de personas se agolpaban. Sus miradas fijas en
ningún punto delataban que hacía tiempo aquellas almas andaban
inertes. No dábamos rédito al dantesco espectáculo al que
asistíamos como espectadores de primera fila; el tren detuvo su
marcha. El miedo se apoderó de nuestros enjutos cuerpos, en segundos
las puertas se abrirían y aquella muchedumbre entraría en tropel.
Un silbido hizo que nuestros vellos se erizasen, un instante
después,el acceso quedó franqueado y aquellos seres alienados
entraron sin prestar atención a nuestros jóvenes cuerpos. Como
pudimos nos deslizamos al exterior.
Afortunadamente,
escapamos una vez más de la rutinaria vida de los habitantes de la
ciudad.
martes, 8 de marzo de 2016
Declaración de amor
Llegará el día que te tenga que mirar a los ojos
afrontar la dulce necesidad de explicarte como soy
liberarme de estas cadenas y expresar en todo mi ser
la verdad, la única verdad.
Sentarte a mi lado, cogerte de la mano, sonreír.
¡Dios dame fuerzas para afrontar este trago!
Ateo con ínfulas de párroco.
Me pierdo en tus ojos, me encadeno a tus blancas manos, sangro con tus rojos labios.
¿Cómo decirte la verdad, toda la verdad?
El aire se comprime en los pulmones
la lengua trata de escapar de la atadura de la razón
los ojos ahogados, sin saber nadar, en lágrimas contenidas.
El corazón late espoleado por la situación.
Angustia, incertidumbre, paz, amor, armonía...
Destilas todo lo que siempre quise tener,
y por fin brotó.
El tiempo detuvo sus impertérritas manecillas,
los pájaros plegaron sus alas,
las mariposas planearon sobre nuestras cabezas.
Tu respuesta clara y rotunda,
con una sonrisa en la comisura de los labios
que me hacían dudar de tu sentencia.
Miro el mar, sentado en la arena
un grupo de delfines nadan en paralelo a la orilla
el cielo es celeste como tus ojos
la arena fina como tu piel
Los rayos del sol broncean mi piel
al fondo una pareja juega con sus hijos
sonrío, me incorporo y entro en el mar.
Nunca más se supo de aquel tipo que declaró su amor.
afrontar la dulce necesidad de explicarte como soy
liberarme de estas cadenas y expresar en todo mi ser
la verdad, la única verdad.
Sentarte a mi lado, cogerte de la mano, sonreír.
¡Dios dame fuerzas para afrontar este trago!
Ateo con ínfulas de párroco.
Me pierdo en tus ojos, me encadeno a tus blancas manos, sangro con tus rojos labios.
¿Cómo decirte la verdad, toda la verdad?
El aire se comprime en los pulmones
la lengua trata de escapar de la atadura de la razón
los ojos ahogados, sin saber nadar, en lágrimas contenidas.
El corazón late espoleado por la situación.
Angustia, incertidumbre, paz, amor, armonía...
Destilas todo lo que siempre quise tener,
y por fin brotó.
El tiempo detuvo sus impertérritas manecillas,
los pájaros plegaron sus alas,
las mariposas planearon sobre nuestras cabezas.
Tu respuesta clara y rotunda,
con una sonrisa en la comisura de los labios
que me hacían dudar de tu sentencia.
Miro el mar, sentado en la arena
un grupo de delfines nadan en paralelo a la orilla
el cielo es celeste como tus ojos
la arena fina como tu piel
Los rayos del sol broncean mi piel
al fondo una pareja juega con sus hijos
sonrío, me incorporo y entro en el mar.
Nunca más se supo de aquel tipo que declaró su amor.
viernes, 4 de marzo de 2016
Si quiero
Parece que fue ayer, pero hoy hace 16 añitos que decidimos dar el "si quiero".
"Si quiero"; que cuando las cosas se tuerzan, tenga un pilar donde atarme, que resista las tempestades que pudieran arrastrarme hacia quien sabe donde.
"Si quiero"; estar junto a quien me cuida y me mima.
"Si quiero"; saber que estás ahí, porque mire hacia donde mire, siempre estarás presente, ya que nunca has estado fuera de mis pensamientos.
"Si quiero"; Saber que eres la única que es capaz de encenderme, apagarme, templarme con una mirada, una palabra, un gesto...
"Si quiero"; Pasear por la orilla de tu mano.
"Si quiero"; Mirar el reloj y preocuparme si no estás.
"Si quiero"; Acurrucarme y sentir tu cuerpo junto al mío.
"Si quiero"; Quererte.
"Yo os declaro marido y mujer".
"Si quiero"; que cuando las cosas se tuerzan, tenga un pilar donde atarme, que resista las tempestades que pudieran arrastrarme hacia quien sabe donde.
"Si quiero"; estar junto a quien me cuida y me mima.
"Si quiero"; saber que estás ahí, porque mire hacia donde mire, siempre estarás presente, ya que nunca has estado fuera de mis pensamientos.
"Si quiero"; Saber que eres la única que es capaz de encenderme, apagarme, templarme con una mirada, una palabra, un gesto...
"Si quiero"; Pasear por la orilla de tu mano.
"Si quiero"; Mirar el reloj y preocuparme si no estás.
"Si quiero"; Acurrucarme y sentir tu cuerpo junto al mío.
"Si quiero"; Quererte.
"Yo os declaro marido y mujer".
jueves, 18 de febrero de 2016
Terror
-¿Sabes que son dos planchas de hierro?, de esas que utilizan para hacer barcos. Miraba a la joven a los ojos, sin pestañear. La chica lo miraba asustada, sin saber cual sería la reacción del hombre.
-Pues así es como está ahora mi cabeza, mi cerebro, mis pensamientos, aplastados entre dos pesadas planchas de esas. Decía esto sin enfatizar, sin expresar ningún sentimiento, quizás el de hastío y eso no le gustaba nada a la chica.
-¿Ves esto?, seguía hablando con el mismo tono, -¿Lo ves?, insistía poniendo la pistola en la cara de ella. Un gesto afirmativo bastó para que el hombre armado se conformara.
-Esto es el único gato hidráulico que conozco, capaz de quitar esas pesadas planchas que me oprimen.
-¡Hierro contra Hierro!. lo dijo mientras se colocaba la pistola en la sien.
No hubo tiempo a más, tras la explosión, silencio. La sangre caliente junto a restos de huesos, piel y pelos se esparció por la sala y la cara de la chica.
-Pues así es como está ahora mi cabeza, mi cerebro, mis pensamientos, aplastados entre dos pesadas planchas de esas. Decía esto sin enfatizar, sin expresar ningún sentimiento, quizás el de hastío y eso no le gustaba nada a la chica.
-¿Ves esto?, seguía hablando con el mismo tono, -¿Lo ves?, insistía poniendo la pistola en la cara de ella. Un gesto afirmativo bastó para que el hombre armado se conformara.
-Esto es el único gato hidráulico que conozco, capaz de quitar esas pesadas planchas que me oprimen.
-¡Hierro contra Hierro!. lo dijo mientras se colocaba la pistola en la sien.
No hubo tiempo a más, tras la explosión, silencio. La sangre caliente junto a restos de huesos, piel y pelos se esparció por la sala y la cara de la chica.
sábado, 30 de enero de 2016
Rizos de Oro
Aún no levantaba un palmo del suelo cuando su cabeza llena de rizos de oros se había hecho famosa en toda la comarca. Con Dieciseis años, Inma ya era una experta cazadora. Desde el Olimpo, la admiraban los Dioses, que apostaban entre ellos para ver si acertaba a la presa o no; los que no confiaban en sus capacidades, le tendían trampas, que la joven sorteaba con una facilidad pasmosa.
Diana, celosa por los logros y la atención que acaparaba aquella humana, decidió castigarla. Envió un Adonis que trataría de robarle el corazón. No tardó el malvado emisario cumplir con su misión. La joven rizos de oro se entregó en cuerpo y alma a quien consideraba su amado, abandonando su ser en manos del apuesto gallardo.
Dejó la caza, dejó su mundo y pronto los Dioses se aburrieron dejando de protegerla...Un mal día, el Adonis entregó el corazón de la bella Inma a su jefa. Diana lo ensartó en una flecha y lo lanzó lejos.
Al despertar la joven, se encontró vacía, triste, sola....vagando por el bosque, las ninfas se apiadaron de ella, y la fueron guiando hasta la Pachamama. Allí encontró su corazón, Un corazón más fuerte y cargado de amor y felicidad.
Sus rizos cobraron más fuerza aún, los destellos que emitían competían con los mismos rayos del sol. Cuenta la leyenda, que el mismísimo Zeus bajó a la tierra para pedirle uno de sus rizos. Pero que no os engañen, su verdadero poder no radica en el pelo, sino en su corazón; si eres una de las personas afortunadas a las que le salpica su sonrisa, notarás como todo tu ser se inunda de felicidad.
Felicidades Inma.
Diana, celosa por los logros y la atención que acaparaba aquella humana, decidió castigarla. Envió un Adonis que trataría de robarle el corazón. No tardó el malvado emisario cumplir con su misión. La joven rizos de oro se entregó en cuerpo y alma a quien consideraba su amado, abandonando su ser en manos del apuesto gallardo.
Dejó la caza, dejó su mundo y pronto los Dioses se aburrieron dejando de protegerla...Un mal día, el Adonis entregó el corazón de la bella Inma a su jefa. Diana lo ensartó en una flecha y lo lanzó lejos.
Al despertar la joven, se encontró vacía, triste, sola....vagando por el bosque, las ninfas se apiadaron de ella, y la fueron guiando hasta la Pachamama. Allí encontró su corazón, Un corazón más fuerte y cargado de amor y felicidad.
Sus rizos cobraron más fuerza aún, los destellos que emitían competían con los mismos rayos del sol. Cuenta la leyenda, que el mismísimo Zeus bajó a la tierra para pedirle uno de sus rizos. Pero que no os engañen, su verdadero poder no radica en el pelo, sino en su corazón; si eres una de las personas afortunadas a las que le salpica su sonrisa, notarás como todo tu ser se inunda de felicidad.
Felicidades Inma.
martes, 26 de enero de 2016
El Diario
-Relato escogido para un libro de microrelatos que debía llevar las palabras Otoño, Invierno o ambas.
Entre más de 2.400 se escogieron 1.000, y uno de ellos es este "El Diario"
Invierno, Otoño, Verano, Primavera, así hacia atrás. Como mi vida, cuando aprendo la lección, ya ha terminado el curso. Mi existencia es un caos, un calcetín del revés, una venida sin ida. Desde que me dejaste, ya no soy la misma persona, una sombra de lo que llegué a ser. Abyecto amor que me hieres...
Cerré el libro con una lágrima que delataba que me sentía culpable de aquel sufrir.
Entre más de 2.400 se escogieron 1.000, y uno de ellos es este "El Diario"
Invierno, Otoño, Verano, Primavera, así hacia atrás. Como mi vida, cuando aprendo la lección, ya ha terminado el curso. Mi existencia es un caos, un calcetín del revés, una venida sin ida. Desde que me dejaste, ya no soy la misma persona, una sombra de lo que llegué a ser. Abyecto amor que me hieres...
Cerré el libro con una lágrima que delataba que me sentía culpable de aquel sufrir.
lunes, 25 de enero de 2016
Nanorrelatos
-El Nanorrelato es una variedad literaria, que comprende relatos pequeños compuesto por pocas palabras, en este caso, el concurso las limitabas a entre una y diez.
Alguno de estos que expongo a continuación ha sido elegido para formar parte de un libro.
Alguno de estos que expongo a continuación ha sido elegido para formar parte de un libro.
Título: “El gran Cañón”
Las vistas eran impresionantes, ¿Se aparta suegra?
Título:Amantes
Llegamos agotados, el amanecer nos
recibió desnudos
Título:Divorcio
El faro se apagó, naufragamos...
Título: Desamor
Me dices “hola”; te digo “adiós”.
Título: “Silencio”
Oscuridad.
martes, 19 de enero de 2016
Un día de aquellos para olvidar
-¡Nivel de energía descendiendo de forma brutal!
-¡Maldita sea!, ¿Activa escudos de defensa!
-¡Pero eso gastará más energía!
-Será solo de manera momentanea,....espero.
-Escudos activados, ladrón de energía desiste.
-¡Alarma!, contra atacan, ¿Como?, parece que desisten en su idea de descargarnos, ¡No se fíen!
-¡Señor, estamos en reserva!
-¡Maldita sea!, aún no son las doce de la mañana y ya han descargado casi por completo toda la energía vital del día.
-Tratemos de sobrevivir con almacenes paralelos, amigos que nos cedan la suficiente energía para sobrellevar el día.
-Redactelo todo tal y como sucede en el cuaderno de bitácoras
-Sí señor
Puto Martes, a ver cuando logramos desembarazarnos de tanto chupóptero....
Cuaderno de Bitácoras:
-Día 19 de Enero del Año 2.016, tras realizar satisfactoriamente las misiones de la madrugada, procedíamos a salir de la nave nodriza destino a la cueva minera cuando....
-¡Maldita sea!, ¿Activa escudos de defensa!
-¡Pero eso gastará más energía!
-Será solo de manera momentanea,....espero.
-Escudos activados, ladrón de energía desiste.
-¡Alarma!, contra atacan, ¿Como?, parece que desisten en su idea de descargarnos, ¡No se fíen!
-¡Señor, estamos en reserva!
-¡Maldita sea!, aún no son las doce de la mañana y ya han descargado casi por completo toda la energía vital del día.
-Tratemos de sobrevivir con almacenes paralelos, amigos que nos cedan la suficiente energía para sobrellevar el día.
-Redactelo todo tal y como sucede en el cuaderno de bitácoras
-Sí señor
Puto Martes, a ver cuando logramos desembarazarnos de tanto chupóptero....
Cuaderno de Bitácoras:
-Día 19 de Enero del Año 2.016, tras realizar satisfactoriamente las misiones de la madrugada, procedíamos a salir de la nave nodriza destino a la cueva minera cuando....
viernes, 15 de enero de 2016
El valor de lo pequeño
Había una vez una niña muy bajita,
era la más pequeña de su clase, y todos siempre se reían de ella;
era tan diminuta, que apenas sobresalía por encima de los pupitres.
En sus sueños, anhelaba siempre ser
una gigante, ver por encima de las copas de los árboles, rascarse la
espalda en altas montañas, hacer de los picos llenos de nieves,
improvisados helados. Pero cada mañana al despertar, volvía a
encontrarse con la cruda realidad.
Bajarse de la cama era una odisea,
llamar a los timbres, alcanzar a la mesa, coger un vaso,...todo era
una aventura que le reportaba un gran esfuerzo.
El calvario llegaba en el aula, cuando
todos se mofaban de ella por su estatura.
Un día, el colegio llevó de excursión
a los alumnos al campo. Todos disfrutaron mucho paseando por los
verdes valles y observando los animales silvestres. A la hora de
volver, la profesora se había perdido y no daba con el camino de
vuelta. Los niños, pronto empezaron a asustarse y lloriquear. La
tutora no sabía que hacer, se sentaron todos en círculo y dejaron
que la fría noche les abrazara con su oscuro manto.
La niña, al ver la actitud derrotista
de sus compañeros, se puso en pie, y aunque apenas llegaba al
ombligo de los niños, les habló de la importancia de hacer frente a
los miedos, no rendirse nunca y como afrontar las vicisitudes que les
pone la vida por delante. Les dijo, con una voz que cada vez se hacía
más grande, que ella había tenido que superarse día tras día, y
que si confiaban en ella, les llevaría de vuelta a casa.
Así, poco a poco fue aportando valor y
esperanza en los asustados corazones de sus compañeros.
Envalentonados por las palabras, decidieron seguir a la joven por los
oscuros senderos. Nadie sabía de los conocimientos astrales de su
compañera, ni ella los haría públicos.
A las pocas horas estaban siendo
atendidos en sus casas, y aprendiendo valiosas lecciones impartidas
por alguien que no llegaba al metro de altura, porque no importa el
tamaño de la persona, sino el de su hazaña.
jueves, 14 de enero de 2016
Nuevo Relato
En mi otro blog, el de relatos eróticos...., acabo de colgar uno que ha sido seleccionado para formar parte de una antología en papel, si quieres leerlo puedes acceder através de este link.
http://relatoseroti-k.blogspot.co.id/
http://relatoseroti-k.blogspot.co.id/
jueves, 31 de diciembre de 2015
El último relato del año
Faltaban minutos para las doce, nervisios hablaban algunos sin apenas tomar aire, elevando el sonido de sus voces por encima de los demás...los menos, contaban sus uvas en silencio, absortos en sus mundos y esperando cumplimentar ordenadamente con el ritual anual. Los más jóvenes daban explicaciones a los neófitos, a sabiendas que no mucho tiempo atrás ellos fueron aleccionados. El reloj sigue su curso ajeno a la espectativa creada entorno a él. Alguien manda callar, van a comenzar los cuartos, las primeras campanadas se imponen en el salón, de pronto alguin advierte con un grito seco ¡Ahora! Y el primer !Dong! Silencia al país...once campanadas después devuelve la voz a sus habitantes que lo primero que expresan es un ¡Feliz Año Nuevo!
martes, 22 de diciembre de 2015
La Dama de los Cartularios
El día que llegaste a este mundo se
despedía el otoño, fuiste el último rayo de sol que entró en
casa antes de que llegara el frío invierno. Naciste a tiempo de ver
caer la última hoja del árbol que nos da sombra.
Cuando llegó la primavera ya eras una
niña preciosa, el verano jugó contigo tanto ese año, que tu piel
quedó bronceada para siempre. El agua helada del arrollo perfiló tu
albugnea sonrisa, y las cálidas noches estrelladas, dieron color a
los fanales que miran todo con curiosidad.
Tu cuerpo fue moldeado entre los valles
del paraíso, para llegar a convertirte en la máxima excelsitud de la
naturaleza.
Desde la atalaya de mi existencia,
contemplo tu ir y venir y me congratulo de conocerte. Es todo un arregosto.
viernes, 20 de noviembre de 2015
la vida en rosa
“La vida en Rosa”
Capítulo
I
La
mañana aparecía gris, pronto empezaría a llover. Cristian miraba
la calle a través del cristal de la ventana del salón, por ella una
señora acaba de abrir su paraguas, la lluvia había llegado.
Melancólico, imaginaba los posibles tipos de vida que podría tener
aquella sencilla mujer. Dependienta, oficinista ,limpiadora...
-¡Buenos
días amor!, una humeante taza de café se interponía entre la
melancolía y el chaparrón. Cogió la taza suspendida frente a su
nariz e instaló la cabeza en el pecho de su amor.
-¡Gracias
mi vida!, le dijo mientras sentía el suave tacto de la americana en
su piel. Un beso en su frente fue la respuesta a ese gesto de amor, y
se sentaron en la mesa a degustar el desayuno.
-Ya
tengo los billetes de avión, el Viernes bajamos a Cadiz, ¡Qué
ganas de estar tumbado al sol!, dijo Ismael mientras untaba
mantequilla en la tostada.
-¡Ufff!,
expiró Cristian, no veo el momento de que estemos allí los dos
juntos y -¡Solos!.
Ismael
le dedicó una sonrisa, a él también le apetecía pasar con su
chico unas vacaciones que se presentaban de ensueño, tras un año
complicado, donde por culpa del trabajo y por motivos ajenos a la
pareja, la relación había sufrido mucho; ya era hora que los
agentes externos fuesen beneficiosos en vez de destructivos.
Se
despidieron con un fugaz beso en los labios y Cristian quedó
atrapado en su casa.
El
hogar no era muy grande, se componía de un salón pintado en verde y
rosa, junto a un librero atestado de obras de todo tipo, un pequeño
sofá cubierto con una manta multicolor hecha en pasword, que se
convertía en cama para acoger las visitas; hacía tanto que no venía
nadie a verlo, pensó mientras recogía los restos del desayuno. ¿Qué
habría pasado con todos aquellos amigos de juventud?. Las paredes
todas estaban adornadas con diferentes tipos de cuadros, algunas de
cuerpos masculinos desnudos, otras, directamente mostraban atributos
varoniles en su estado de máxima erección, y las menos, paisajes
bucólicos.
La
cocina era pequeña, apenas cocinaban en ella, la alacena estaba
rellena de embutidos, quesos y una bodega decente. En la casa solo
hacían el desayuno y la cena, ya que ambos almorzaban fuera. Los
días que eran festivos, pedían la comida a domicilio.
El
resto del hogar lo componía el amplio dormitorio y un cuarto de aseo
con bañera, ya que él mismo había solicitado esa única condición
el día que decidieron buscar un apartamento para los dos. Disfrutaba
de baños de agua caliente hasta que su blanquecina piel adquiría el
color rosáceo del salmón.
La
mañana la dedicaría a preparar las maletas, no quería dejarse nada
en casa que pudiera necesitar en la playa. Aún era Lunes, pero su
naturaleza maniática, le obligaba a tenerlo todo controlado con
bastante antelación.
Una
hora después, Cristian estaba tumbado desnudo sobre la cama, boca
arriba, observando el cielo a través del amplio ventanal e imaginándose
flotando en el mar. El sonido de la puerta le sobresaltó. ¿Quien
sería?.
Se
colocó una toalla en la cintura mientras recorría el pasillo dando
pequeños saltitos. Se asomó a la mirilla y solo pudo ver un enorme
paquete. Abrió un poco la puerta y escuchó la voz de un hombre
joven decir:
-¿Don
Cristian Mayo?, a la vez que pronunciaban su nombre, la cara de un
joven asomaba tras aquel enorme paquete.
-Soy
yo, se presentó Cristian, que a pesar de superar los cuarenta
mostraba un torso digno de las esculturas de Miguel Ángel, abriendo
del todo la puerta y mostrándose como un pavo real.
-¡Este
paquete es para usted!, dijo el joven deseando soltar la carga.
-¡Me
encantan los paquetes grandes!, soltó el dueño de la casa al joven,
con la mal sana intención de provocar.
-¿Puede
usted firmar aquí?, dijo azaroso el muchacho, que no veía el
momento de escapar de las garras de aquel hombre que no es que se
insinuara, sino que lo acosaba.
-¡
Te firmo donde tu quieras, guapo!. Dado el primer mordisco y
saboreada la sangre, no iba a dejarla escapar su presa tan
fácilmente.
Una
vez que el chico tuvo el albarán en su mano, ni se despidió, cogió
las escaleras y en un tris se perdió de la vista de Cristian. Este
sonrió tras el aprieto en el que acababa de poner al joven. Le
encantaba poner de los nervios a los jóvenes.
Colocó
el enorme paquete sobre la mesa y se sentó en el sofá a contemplar
aquella caja cuadrada envuelta en papel de regalo rojo y adornada con
un lazo enorme dorado.
¿Qué
sería?, ¿Quién le enviaría aquel regalo?, los nervios se
apoderaban de él mientras dilucidaba de qué se trataría.
Aquella
manía la tenía, como tantas otras, desde su más tierna infancia.
La gente comentaba como algo anormal y sorprendida de como se llevó
una semana con un regalo cerrado sobre una mesa, mirándolo sin
abrir.
Nadie
entendía que él disfrutaba cada instante de aquellos presentes, aún
sin abrir. Cristian siempre decía que lo importante no era el regalo
en sí, sino quien hacía el regalo, por ello, el gozo que le
producía imaginarse a esa persona buscando el regalo, comprándolo y
envolviéndolo, le producía un placer tal, que el hecho de abrirlo
era romper el cordón umbilical que lo unía con esa persona. ¿Y que
madre no disfrutaba de su hijo mientras estaba en su interior...?.
El
reloj de la cocina marcó las doce de la mañana. -¡Dios mio!, dijo
en voz alta. -¿Tan tarde es?, continuó hablando para sí mismo.
Corrió
hacia el dormitorio y comenzó a vestirse, un traje de chaqueta de
color burdeos, camisa negra, zapatos a juego y un
pañuelo anudado en el cuello de color mostaza. Su daltonismo hacía
que combinase los colores de manera muy particular, pero lo que
pensarán los demás de su estilismo se la traía al pairo.
Quince
minutos más tarde estaba pidiendo un taxi para que lo llevase al
taller de su buen amigo y socio, Risco.
Risco
era un pintor que pudo haber pisado el olimpo de los artistas, pero
prefirió quedarse unos escalones por debajo. Su antropofóbia
diagnósticada, le había llevado a tener una vida asceta, con el
único nexo de unión al resto del mundo de su amigo de infancia
Cristian.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)