jueves, 26 de marzo de 2015

Violeta

Mi padre era fantástico, todos los meses celebraba mi santo; siempre creí que lo hacía de manera aleatoria, pero ahora me doy cuenta que utilizaba una métrica, como con todo lo que ocurrió en su vida. A ojos foráneos pudiera parecer un loco, pero su única locura era de amor hacia su mujer y hacia mi.
Me llamo Violeta, y comienzo este diario de lo que fue la vida de mi padre, un hombre que nunca dejó de ser un niño.
 Mi Abuela Griselda, (según me contaba mi madre, le habían puesto mis bisabuelos ese nombre por una ópera. Aunque ella siempre pensó que lo único Gris en la vida de su suegra era el nombre, ya que, era una hippy encantadora y colorida.)  Parió a su hijo en la playa una festiva noche de Julio. Mientras todos bebían, fumaban y cantaban alumbrados por una gran fogata bajo las estrellas, ella y la tía Mildre, que en realidad no tenían parentesco alguno más que una amistad tan íntima que rozaba lo pornográfico, se separaron del grupo para al cabo de unas horas aparecer con un bebe lleno de sangre y arena. Allí mismo lo bautizaron, a petición de mi abuela, con un chorro de ginebra sobre la frente llamando al que a la postre sería mi padre, como: Jendri.
 Jendri, derivado andaluz del mítico Jimi Hendrix  se crió en un ambiente de amor libre, drogas y música. A los 10 años no sabía hacer la O con un canuto, aunque los canutos sí que los hacía a la perfección. Juan, al que todos llamaban Don Juan, porque era el único con estudios,  se interesó por la educación del chico. Todos siempre pensaron que era su padre biológico, aunque nunca se supo la verdad, ya que mi abuela decía que su hijo era fruto del amor universal. Es decir; de aquella orgía estos niños.
 Juan, hijo de un industrial catalán, había cursado los estudios de ingeniería naval, y se preocupó que el niño tuviera estudios básico. Dedicaba buena parte del día a enseñarle las cuatro reglas, leer novelas y pasear junto a "su hijo" mientras enseñaba in situ los nombres científicos de las plantas y animales que a su paso encontraban en aquel bosque mediterráneo.
 Habló con Griselda, y la convenció de la necesidad de que Jendri fuera escolarizado. Así, a los 12 años, mi padre tuvo su primer contacto con la sociedad.