viernes, 18 de noviembre de 2016

Plato único


Tras la barra, un hombre de aspecto sucio mataba moscas con un trapo. Todo olía a frituras; era un milagro que sanidad no le hubiera cerrado ya el establecimiento.
Pérez llegó a la hora acostumbrada, con más de cien kilogramos de peso, retaba cada día a la banqueta de madera para no partirla en mil astillas.
-¡Hola Pedro!, saludo secándose el sudor de la barbilla. -¡El guiso del día!, dijo mientras emitía extraños sonidos debido al esfuerzo que le costaba respirar.
Sin mediar palabra, Pedro le sirvió un plato enorme de carne con tomates.
-¡Que te aproveche!, dijo de mala gana.
En la distancia observó como Pérez daba buena cuenta de su comida, lo hacía con fruición, sin levantar la mirada del plato, llenando los dos carrillos y engullendo casi sin masticar.
De pronto, comenzó a convulsionar. Ya no emitía sonido alguno y su rostro se azulaba por momentos, un golpe de tos y algo sobrevoló la barra hasta caer a los pies de Pedro. Un trozo de carne con un pequeño pendiente adherido.
-Dile a Carmen que el guiso estaba de muerte, se despidió Pérez.
Pedro miró el trozo de carne en el suelo y dijo:
-¡Ya has oído!

martes, 15 de noviembre de 2016

Desconsuelo

 El Domingo día 13 de Noviembre del año 2.016, la tristeza inundó nuestros corazones. Emilio perdió la lucha contra sus células malas.
 Nosotros perdimos su felicidad; su manera de hablar; su actitud ante todo, bueno y malo; su dedo meñique levantado al beber; su sonrisa; su forma de tomarlo todo con calma;...
 Te gustaba entrar en este blog a leer mis relatos, luego lo comentábamos. Nunca más podremos hacerlo y este, tu relato propio quedará como tu cuerpo, inerte a la espera de algún lector que te mantendrá vivo en mente, te conociera o no, al saber que existió una persona buena, una buena persona llamada Emilio Blanco Coria.
 Desde que entraste a formar parte de mi vida allá por los años ochenta, cuando aún eras novio de la tía Mari, las anécdotas y recuerdos se amontonan en el baúl de mi memoria. Hoy cientos de personas han sentido tu marcha, no digo tu pérdida, porque mientras te recordemos, no habrás-no te habremos- perdido.
En el cementerio, mientras alargábamos la despedida, no pude más que contemplar a todos los que allí habíamos con lágrimas en los ojos al saber que tu cuerpo en breve desaparecerá de nuestra vida para siempre.
 Cuanto dolor desparramado sobre aquellas piedras, cuantas madres, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, sobrinos, sobrinas, primos, primas, cuñados, cuñadas, amigos, amigas...habrán dejado en algún momento de su existencia dolor sobre aquellas marmóreas lápidas.
 Sé que si leyeses esto, hasta me reñirías, -"sobrino, sobre mi escribe cosas alegres"-; pero esto ya no es sobre ti, es sobre mi y sobre quienes nos quedamos sin poder disfrutar de ti.
 Aún pesa sobre mis dedos la pena, el desasosiego de querer decir pero no poder escribir sobre el padre que quiso a sus hijas por encima de todas las cosas; el marido que siempre tuvo un beso, un abrazo para su mujer; el cuñado que era querido por todos ya que siempre estuvo dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba; el hombre que supo darle a todos su sitio.
 Tus restos descansan entre los pinos y el mar, tu recuerdo en nuestros corazones.
 Hasta siempre Emilio.