sábado, 27 de febrero de 2010

Sueños

Esta noche soñé con tus labios, noté la humedad de tu lengua y el calor de tu boca, sentí la suavidad de tu piel sobre mi piel y sentí por primera vez tus caricias.
No quise despertar por miedo a que no estuvieses, no quise que la vulgaridad del día rompiese la magia de la noche, no quise querer por miedo a perderte.
Esta noche no sé si aparecerás en mi vida, pero lo que ya me distes quedará para siempre guardado en mí.

Escamas

Aquella mañana le picaba todo el cuerpo, había dormido placenteramente hasta que el despertador sonó, fue entonces cuando aquella picazón comenzó.
Primero por los dedos de las manos, seguidamente por las piernas y al poco por todo su cuerpo.
Frente al espejo del baño observaba su cuerpo desnudo, la piel estaba roja e irritada de tanto rascarse, se metió en la ducha y la desazón de aquel picor fue disminuyendo, es más, el agua le relajaba y allí, bajo la liberadora alcachofa permaneció durante veinte minutos.
Al salir de la ducha no vió como todo el suelo había quedado impregnado de escamas, fue al levantar la vista y mirarse en el espejo cuando se dio cuenta de que todo su cuerpo estaba lleno de escamas.
- Pero¿Qué está pasando?, se miraba las manos, los brazos, el torso y no veía escamas, solo cuando se reflejaba en el espejo veía su cuerpo como el de un pez. Se frotó los ojos, pero la imagen seguía siendo la misma.
La angustia lo estaba volviendo loco, se vistió y corrió hacia la calle; algo ocurría, no había nadie, un silencio ensordecedor cubría toda la ciudad, intentó gritar y ningún sonido salió de su garganta.
¿Que es eso?, algo se había movido a lo lejos, parecía una niña, corrió en su busca pero allí no había nada, es más, ¿donde estaba ahora?...
De pronto una sirena comenzó a sonar, al principio lejos, casi imperceptible, pero cada vez se oia más cerca, se tapaba los oídos pero aquel ruido ya estaba dentro de su cabeza.
Abrió los ojos chorreando en sudor, todo había sido un sueño, sonrió y notó como empezaban a picarle las manos...

lunes, 22 de febrero de 2010

Pensamientos en la Sombra

Felicidad

Iban paseando por la calle un matrimonio de ancianos, hablaban con otro anciano, la señora, muy orgullosa contaba que su nieta había aprobado unas oposiciones en una universidad, y que además, su carrera de ingeniera química la había aprobado con matrícula. Buscaba en estos énfasis el apoyo de su marido, que corroboraba ampliando con orgullo la información de las palabras de su señora.
Así anduvieron a un paso cansino dos manzanas, su interlocutor callaba y con la paciencia que da la amistad y la edad oía todos y cada uno de los comentarios.
Al final, la cara de aquellos dos ancianos rezumaba felicidad por los logros de su nieta y su amigo le preguntó:
-Que bien, se os ve felices por los logros de vuestra nieta, pero ¿Es ella feliz?.
El matrimonio se miró, respondieron que imaginaban que sí, pero que no lo sabían a ciencia cierta. Así que les quedó una cosa clara, cuando hablasen la próxima vez con su nieta se lo preguntarían, ya que la felicidad no es más que lograr éxitos pequeños y mantenerlos vivos.

Conclusión:
La Felicidad es igual al fuego, una pequeña llama no es suficiente para calentarnos, una buena llama es agradable, mucha llama impresiona, sofoca, pero dura poco el combustible y se apaga pronto...

viernes, 19 de febrero de 2010

Pensamientos en la sombra

Volver

Ante todo pedir disculpas por la escasez de mis escritos....

Esta mañana desayunaba en un bar, era grande, diáfano, y lleno de humo..., me senté en la mesa más retirada para evitar la inhalación del mortal gas, cuando me detuve a observar de donde procedían los humos emitidos. Cual no fue mi sorpresa al ver que esas chimeneas eran todas del sexo femenino... más aún, pensé; hace sesenta años, un bar así estaba lleno de hombres y todos fumando y hablando con apenas dos o tres mujeres en todo el local, seis décadas más tarde, todo sigue igual solo que ahora son las mujeres las que repiten los patrones de los hombres... y apenas habíamos tres hombres en un local lleno de señoras desayunando y fumando.

lunes, 8 de febrero de 2010

Pensamientos en la sombra

Iba yo pensando que vivimos en un estado aconfesional, es decir, que no se subordina o practica confesión religiosa alguna, expuesto en nuestra constitución "ninguna confesión tendrá carácter estatal” y yo me preguntaba:
¿Porqué en los colegios públicos existe una asignatura que se llama religión?... y pienso, porque así los niños estudiarán todos los tipos de religiones que existen, o al menos las que profesan más fieles, y su mente se abrirá y sabrán entender el comportamiento de las masas y sus diferentes tipos de Fe.
Pero la realidad es otra, se dan clase de Religión "católica", el resto se ignoran, y se me queda una cara de pez que no puedo con ella...

lunes, 1 de febrero de 2010

La carta

Aquella carta permanecía agazapada en el buzón del vecino del quinto, allí no vivía nadie que se supiera, yo llevaba en aquel edificio seis años y jamás vi a nadie entrar o salir de allí. Los más viejos del lugar, la señora Romero del tercero y mi vecino de puerta del segundo el señor Gil, aseguraban que allí vivían los señores de Miranda, pero que hacía años que no sabían nada de ellos.
Todas la tardes al pasar por los buzones a ver mi correspondencia, no podía dejar de preguntarme que sería aquella carta solitaria; en el buzón jamás vi publicidad alguna, ni propaganda electoral, para el cartero parecía que aquel buzón no existía.
El Domingo bajé a comprar el pan del desayuno, a mi vuelta aún con el pan caliente me detuve a mirar mi buzón, vacío como siempre. Introduje mi llave en la ranura del buzón del vecino del quinto, casi sin esperanzas de que se abriera sucedió lo inimaginable, la puerta chirrió de manera enigmática y se me ofreció aquella carta que no dudé en sustraer.
¡Buenos Días!, me sorprendió Doña Matilde, la vecina del primero toda cotilla ella. Rulos puestos, bata de guatiné rosa y zapatillas a juego. Colilla encendida entre los labios y mirada inquisitiva.
-¿Recogiendo el correo hoy Domingo?, me dijo con mucha sorna.
Balbuceé a modo de disculpa, -Ayer no lo recogí.
Me introduje la carta en el bolsillo interior del abrigo y subí a toda prisa pasando por el lado de aquella señora que parecía que oliese mi miedo.
-¡Alto! Gritó, y quedé paralizado. Estaba seguro que me había pillado cometiendo el delito.
- Se deja usted su barra de pan. Efectivamente, la había dejado depositada sobre los buzones y no la había recogido.
- Gra-gra-gracias, tartamudeé alargando el brazo y recogiendo la barra de pan.
Subí a casa y puse la carta sobre la mesa, pensé en leerla después del desayuno.
Mientras desayunaba miraba a la carta, algo me decía que la abriese ya, pero por otra parte, sabía que violaría algo muy íntimo.
No había remite, ni destinatario, era un sobre en blanco.
Decidí abrir la carta a la vieja usanza, leerla y dejarla nuevamente en su sitio, así puse agua a hervir y con el vaho que se produjera abrir la solapa.
Cuando acabé, me quedé contemplando el sobre, ya estaba abierto, ahora solo me quedaba leerla.
A sabiendas de que cometía un delito decidí leer lo que allí ponía, las manos me temblaban, sudaba a chorros y el corazón parecía desbocado, cuando decidí leer la misiva, sonó el timbre de casa.
Del susto, el corazón se me paró.
Tres días más tarde encontraron muertos en su domicilio a los señores de Miranda, al parecer, habían fallecido en una disputa, ahora la llaman violencia de género, hacía quince años, y hasta que el banco no se interesó para rescatar un dinero a plazo fijo que allí tenían, no se indagó en el paradero de dichos vecinos.
Ese mismo día, la señora Matilde observó que yo no había recogido mi correo y que en mi buzón había un sobre blanco.