miércoles, 30 de julio de 2014

La tía Lucrecia

Me impresionó el entrar en la cocina, el calor era muy agradable, los fogones encendidos desde muy temprano habían realizado la función de caldear la casa a la perfección.  El  olor a puchero me retrajo treinta años atrás, pude volver a ver a la tía Lucrecia , sentada junto al fogón preparando la comida, levantada desde antes de que amaneciera. Siempre canturreando y con una sonrisa en la boca.
Seguía sempiterna en la cocina, sentada en un rincón, el parkinson hacía que moviese todo su cuerpo, pero la mirada perdida en un pensamiento íntimo denotaba que su cabeza ya no estaba en el presente. Arrugada como una pasa ya no cantaba, ya no sonreía, ya no era la tía Lucrecia.

miércoles, 9 de julio de 2014

El Gato

 El gato estaba enjaulado, carecía de dientes y uñas, ya no era ni tan siquiera un gato. Su cola se movía majestuosa, como antaño. A pesar de los años, procuraba que su andar fuese elegante, fino, felino... pero ya no era ni tan siquiera una sombra de lo que fue.
 El gato ya no maullaba, ni ronroneaba.
 El gato ya no era gato.
 Minino de otra época, tenía la mirada nublada y perdida. Le costaba respirar y se mantenía entretenido recordando como subía  a los árboles, perseguía ratones o caminaba sobre alambres imposibles de una casa a otra.
 El gato ya no era gato.