jueves, 30 de octubre de 2014

Niebla

Aquella mañana era como la de un día cualquiera, el sol resplandecía en el celeste cielo y los pájaros trinaban despidiendo el verano. Andaba sin rumbo por el bello paseo marítimo; las gaviotas peleaban por resto de peces. De pronto, y casi sin notarlo, una densa niebla comenzó a cubrirlo todo. Un silencio sepulcral inundó el espacio. Tal y como vino se fue, pero, aunque permanecía en el paseo marítimo, algo había cambiado. Miró su teléfono móvil y el corazón se detuvo un instante al leer en la pantalla: 31/10/3.014.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Deja Vu

 ¿Conocéis el término Deja Vu?, esa sensación que se tiene de haber vivido ya el momento. Pues creo que ya se cuál es su explicación, es un fallo del sistema, un error del universo, de quienes manejan los hilos. Y creo que soy una de sus máquinas más estropeadas o que rompen su estructura organizativa.
 Desde pequeño sufro esas alucinaciones, pero hoy ha sido impresionante. Hoy los he visto trabajando a destajo para bloquear mi visión.
 Aún me tiemblan las piernas y las manos, trato de escribir estas líneas para que quede constancia, ya que se que trataran de borrarme la memoria y resetearme.
 El agujero vino de la forma más simple, tras desayunar en una terraza, junto a mi perra y mi mujer, comencé a sentir que algo raro pasaba a mi alrededor; El automatismo de las personas, su insignificante existencia, el sentir como iban a pasar las cosas y al instante ocurrir.
 Estaba asustado, todo cumplimentaba un patrón, todo seguía una pauta establecida que yo sabía de antemano. Le hice varios comentarios a mi mujer, creo que la dejé preocupada en su trabajo. A la vuelta hacia casa, el mundo iba cobrando extraños comportamientos.
 Sombras salidas de la nada me empujaban a olvidar lo ocurrido, se cruzaban personas en mi camino que nunca me habían dirigido la palabra y ahora me hablaban de forma dicharachera para que mi mente volviese al cauce del que se había salido.
Un coche salió de un garaje y casi me atropella, un asalto a un banco, disparos, la policía corriendo y las balas pasando tan cerca que casi las podía oler. Mi cuerpo, andaba como si conmigo no fuera la cosa. Mi mente estaba siendo manipulada para que ocurriesen cosas que el resto de las personas no podían percibir.
 Haciendo un esfuerzo sobrehumano para no perder la concentración, llegué a casa y empecé a escribir esto.
 Sé que nadie me creerá, pero al menos, mañana cuando despierte podré ver en internet este relato y volver a acordarme de que tengo la capacidad de saber cual es nuestro destino.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Poderoso

 A sus sesenta años se sentía en el comienzo de una nueva etapa. Miraba a su alrededor, aquella suite era todo glamour. Las paredes adornadas con fotografías de la ciudad. Grandes ventanales y lujoso mobiliario decoraban la habitación  La superficie distribuida en varias alturas; desde la cima, contemplaba a lo lejos como dos chicas jóvenes de apenas veinte años, practicaban un sexo salvaje. A su diestra, una copa llena de cocaína, junto a ella, un vaso vacío de Macallan Fine con su misma edad. Sonreía para sus adentros, lo tenía todo, y ahora tendría aún más. La expansión del Ébola le hacía rico, muy rico.
 El joven que le traía las copas se demoraba, cuando su lengua soltó un chasquido de impaciencia, apareció el mozo con la última botella que quedaba en el mundo de su predilecto güisqui. Mañana cumpliría 61, y tendría que buscar una nueva bebida con esa edad. La cara del chico lo decía todo, la bandeja cayó al suelo aquel preciado licor y dio unos pasos hacia atrás. Salió despavorido de la habitación.
Las chicas tras el ruido dejaron de amarse para contemplar la escena, gritar de manera ensordecedora y mirarse espantada la una a la otra.
Debido a su estado, tardó en darse cuenta que su pecho estaba lleno de sangre, el virus igualaba a los hombres.