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lunes, 19 de enero de 2026

Antonio

 -Me llamo Antonio.

 Sí, como el presidente del País donde resido. -¿Pero tu presidente no se llama Pedro?. Sí, Antonio, tal y como te lo cuento y tal y como yo me llamo.

Siempre estuvimos los "Antonios" y las "Pepas", luego se sumaron las "Déboras" y los "kenis", más tarde llegaron los "Wilson" y "Sarais", actualmente puedes emitir cualquier sonido, sea gutural o no, que responderá alguien. Ahora que soy mayor, procuro no llamar a nadie. Aunque digas lo que digas alguien mirará. Y no precisamente con la sana atención de descubrir qué quieres, sino con la malintencionada idea de censurarte, perseguirte, anularte si no te pliegas a los esquemas de su manada.

A veces, como el yonky que se mete su mierda, sacudo el manto de las ideas para provocar reacciones al contrario, aunque pensándolo bien, en realidad sacudo mi mantel para que no se apulgare y se nutra de nuevas perspectivas a la vez que mi cerebro genere endorfinas y aprenda, somos unas malas IA queriendo ser buenas IN. -¿IN?. Sí, Inteligencias Naturales.

El cerebro es una máquina compleja, llevo escribiendo en él muchos relatos, pero al final no los plasmo en negro sobre blanco, se convierten en gurruños de ideas desparramadas, fundidas en mesas imaginarias, se pierden como las palabras arrojadas al vacío cuando no se tiene un receptor cercano.

La Pereza, esa es la gran culpable de que todo se haya perdido. Esas historias andan derretidas en algún lugar de mi cabeza, quizás están en el sitio dónde deben, ya que si hubiesen salido a la luz se hubieran convertido en una masa informe de palabras que nadie jamás habría leído o reparado en ellas. Aunque todo el que escribe lo hace con la idea de que alguna vez, esas palabras vivan en el interior de otra persona y la nutran abonando su alma como una vez alimentaron la nuestra, la mayoría de las veces, lo que se muestra al público es cartón piedra, no es tan siquiera roca natural, cuanto menos, una piedra preciosa o con valor.

Esto mismo que os cuenta Antonio no fue en mi cabeza ni mucho menos un asomo de lo que os narro, Antonio iba a ser descrito con maestría, os iba a enamorar, encandilar, atrapar con sus historias, pero al final, esa ilusión vuelve a convertirse una vez plasmado fuera, en un ser anodino, triste, mediocre, incapaz de revelar lo que en privado contó.

Antonio está así, porque los otros Antonios y Pepas, sumándose los Kenis, las Déboras y la ristra de nuevos nombres de sonidos guturales, lo han arrastrado.

Antonio quisiera llevar una vida tranquila, anodina, en la burbuja en la que siempre vivió. Pero no, el mundo no es ese parque sobreprotegido, que si te caes rebotas y nada te ocurre, la vida no se limita a un horario perfecto sin sobresaltos, la razón de ser no es estar en la silla de ruedas hierático mientras "alguien", no nos importa quien, empuja.

Todo eso es lo que intentan hacer con Antonio, pero él se rebela, y su cabeza vaga libremente sin más atadura que la que él mismo deje permeabilizar de fuera. Por eso Antonio es un enemigo, un elemento a eliminar. Antonio se mueve en el enjambre como uno más, pero dentro tiene una bomba de reloj que de momento sólo le atañe a él, pero que si plasma en Negro sobre Blanco puede llegar a afectar a muchas personas y eso le convierten en un peligro.

Cada día es más difícil que Antonio se salga y nos cuente más historias, pero al menos hoy subirá esta para que sepáis los pocos que aún llegáis hasta aquí, que dentro de él fluyen mil historias diarias que esperemos las comparta con el mundo.