jueves, 21 de marzo de 2013

La Vida

El alumno medita junto a su noble maestro contemplando el verde valle. Ambos cobijados, bajo las ramas de un gran árbol, de los rayos del sol. De repente, el joven aborda a su experimentado maestro con una pregunta filosófica.
- Maestro, ¿Que es la vida?.
El maestro, sin apartar la vista del horizonte le responde
con un lacónico:
-Un camino.
El tiempo transcurre, y el silencio se adueña del espacio. Al poco, el alumno, que estaba hablador esa mañana, vuelve a inquirir.
- ¿Como los caminos que construimos?.
El maestro, sin perder su paciencia mueve su cabeza en un gesto afirmativo.
Los pájaros revoloteaban en la verde pradera, se peleaban por un saltamontes, que pronto quedó partido en  varios trozos, llevándose cada uno una porción de alimento.
El alumno, que no paraba de forzar su mente, se rinde ante la evidencia y no puede más que exclamar con una pesadumbre impropia de su corta edad.
-No lo entiendo maestro.
El tiempo sigue su lento e inexorable camino, cuando el sol alcanza su cenit, el maestro sonríe a su joven y curioso alumno y le espetó la siguiente arenga.
-Me preguntas qué es la vida, y yo te he respondido que un camino. Me dices que si es como los caminos que nos llevan y nos traen a los sitios, y confirmo tus pensamientos. Me dices que no lo entiendes, así que presta atención a mis palabras.
-Todos nacemos y morimos. Al nacer, partimos. Ese es el punto de salida, el pueblo o ciudad del cual empezamos nuestro viaje.
El camino puede ser tortuoso, lleno de piedras, enrevesado o grato. También puede ser un poco de cada o mezclado a su antojo. Todo depende de donde partimos y hacia donde vamos.
Algunas veces, tomamos caminos que nos llevan al pueblo donde nacimos. Lo sabrás, porque la gente dirá, "has vuelto a nacer". Sabrás, que tu camino comienza de nuevo, y podrás escoger el mismo sendero o cambiar el rumbo.
Lo que es cierto del todo, es que cuando llegues al destino, todo habrá acabado.

El alumno lo miraba boquiabierto, intentando asimilar tanta sabiduría. El anciano, lo miraba complacido al ver tanta inocencia y mirando al infante como quien mira a  su propio hijo dijo.
-Y ahora, ayúdame a incorporarme y tomemos el camino de nuestra casa, que pronto será hora de comer y nos queda un largo trecho que recorrer.
El aprendiz de un salto se incorporó, ayudo a su anciano maestro a levantarse y le sirvió de cayado en los últimos pasos hasta llegar al destino.