jueves, 27 de febrero de 2014

Tránsito

Sentada en el jardín contemplaba absorta como caían una tras otras las hojas del árbol. Cada día se repetía el mismo ritual. Las enfermeras la abrigaban, la sentaban en su silla de ruedas y la sacaban a que el sol calentase sus longevos huesos. Nadie supo jamás nada de su vida, nunca le preguntaron quien era o de donde venía, ella era una hoja más de aquel árbol llamado vida que caería cuando le llegase su Otoño.