viernes, 23 de noviembre de 2012

El crimen perfecto

Parecía como si la noche hubiese oscurecido todas las pruebas, nada, excepto la sangre, delataban la violencia en el asesinato. Esteban Gómez, observaba la estancia del crimen
devanándose los sesos en busca de una pista. Por más vueltas que le daba al cadáver, a la alfombra manchada de rojo, a los ampulosos muebles y cientos de pequeños objetos que los poblaban, no hallaba ningún indicio. Un pequeño carraspeo distrajo su atención, una joven lo miraba con descaro desde la puerta. - Soy el detective Gómez, ¿Usted es...? La joven, dibujo una amarga sonrisa en su bello rostro y con voz suave, exenta de emoción, se presentó: -Soy la asesina asesinada. A la vez que sus labios pronunciaban las palabras, se esfumó por donde había venido. -¡Buenos Días!, le despertó Carmen ofreciéndole una taza de café humeante. ¿Otra vez soñando con el cadáver que te habla?, preguntó con una amable sonrisa