viernes, 17 de junio de 2016

El Hombre Araña

 -Me llamo Marcos, tengo 31 años y vivo en una pequeña ciudad al sur de Andalucía.
La habitación no era muy grande, del techo caía un micrófono, aquello le recordaba demasiado a un cuadrilátero de boxeo, y frente a él un espejo donde se veía reflejado. Sabía que detrás del espejo tres personas lo observaban con detenimiento y grababan todo lo que entre aquellas blancas paredes estaba sucediendo.
 Todo empezó el invierno del año pasado, debido a un fuerte resfriado, combinaba unos potentes fármacos para aliviar mi mal estar. Al estar bajo los efectos de los analgésicos no noté como una araña había inoculado su veneno en mi torrente sanguíneo.
 Una semana después, comencé a sentir los efectos de la picadura. Trabajo en una refinería, limpiando las gigantescas cubetas donde se depositan los distintos elementos de la transformación del petróleo. Eso junto a la radio actividad de los submarinos nucleares que pasan por el estrecho, aceleraron la mutación.
 Mi cuerpo se transformó, mis caderas se desplazaron hacia detrás creciendo dos piernas nuevas, bajo mis brazos, brotaron dos nuevos, así fue como se convirtió mi cuerpo en una mutación muy desagradable, mezcla de homínido y artrópodo.
 Mi vista no es aguda, pero he desarrollado una gran capacidad olfativa, y cada vello de mi cuerpo es capaz de determinar la humedad del aire y la temperatura.
 La alimentación también ha variado, ya no como verduras, actualmente solo devoro perros, gatos, gallinas,...
-No doy crédito, le decía la doctora Susana López a sus compañeros, el doctor Francisco Prieto y Roberto Muñoz.