La vida de Luis era de lo más apacible, su mundo se circunscribía a sus amigos de siempre y a su familia; pero un día, ocurrió lo inesperado... fuera de su círculo había algo más, existían personas, mostraban valores desconocidos para Luis. Tuvo que descubrir ese otro mundo.
El universo está en constante evolución, igual transcurren las vidas. Evolucionan, cambian, para mejor o para peor, pero son dinámicas, no fijas. Luis había vivido una existencia de lo más tranquila, rodeado de personas queridas y a las que quería. Pero una nebulosa iba invadiendo su mente, su espacio; una negra nube que se asentaba en su vida.
Uno de Noviembre del año 2.010, Luis había pasado la noche fuera, meses antes su mujer lo había abandonado y se fue de casa con los dos hijos. Despedido de su trabajo por causa de la gran crisis, el hombre solo había encontrado refugio en la bebida. Tras una miserable noche en la que ingería todas las sobras de los botellones, intentaba encontrar un lugar donde reposar sus helados huesos...
El estómago le ardía, la ardentía le subía por el esófago hasta la misma garganta. Arqueado y dando camballadas recaló en un oscuro portal.
Sus sueños se entremezclaban con los sonidos del exterior, risas de niños, claxon de vehículos impacientes, vendedores ambulantes,...
Inyectado en sangre, sus ojos sobrepasaron el diámetro de sus cavidades y se proyectaron hacia el exterior. Así volvió a caminar por aquellas calles abarrotadas de transeúntes que se apartaban a su paso. No hubo tiempo a más, un vómito de sangre inundó la calle, sus cansados pies arrastraban el viscoso líquido a su paso. La visión era dantesca, el olor que desprendía y la imagen producía desmayos y más vómito de los viandantes que se aunaban a aquella masa informe que seguía saliendo de su boca.
Cayó de bruces sobre el asfalto, inerte quedó hasta que llegaron los sanitarios.
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
lunes, 25 de octubre de 2010
Odio -Concurso de todos los Santos- (Halloblogween)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La vida ocasiona dantescos y despiadados golpes, se acaba en un inmenso vómito cósmico.
ResponderSuprimirRealmente me has provocado arcadas y llantos.
Besito desde el sanitario, ainnns.
Dantesca escena, sólo recomendada para antes de cenar, (así te vas más ligerito a la cama)
ResponderSuprimirRelato muy preciso, con algunas referencias geniales, un gusto leerte.
Abrazos
Verdaderamente terrorífica la situación a la que la vida nos aboca a veces. Fuera de su mundo, apacible y tranquilo, existían otros seres, otros mundos, otras realidades, a las que no supo, no quiso o no pudo acomodarse, provocando de esa forma su propia destrucción.
ResponderSuprimirEspeluznante la escena que detalla esa autodestrucción.
Un abrazo.
También, también esos son miedos, y de los gordos...
ResponderSuprimirEnhorabuena, Mad; que la Nada nos pille "confesados", porque el Todo ya es un infierno.
Un abrazo
espeluznante....me ha gustado la forma en que conduces el escrito....mis felicitaciones.
ResponderSuprimirun saludo
Así acaba uno cuando echa a perder su vida, vomitando hasta las entrañas, del asco que se debe de dar a sí mismo. De todos modos, quizá haya una segunda oportunidad para él con la llegada de la ambulancia, todos, casi todos a lo mejor, nos la merecemos, ¿no?
ResponderSuprimirUn beso, Mago.