martes, 23 de abril de 2013

La Lata

Pizpireta saltaba por medio de la carretera empujada por el viento, a veces alcanzaba velocidades impresionantes, otras, se desplazaba suavemente por la solitaria aldea
. El sol a esa hora de la tarde derretía el asfalto, el pueblo dormía la siesta arrullados por el sonido de las hojas movidas con el viento.
El reloj del Ayuntamiento daba las cuatro y ocurrió la tragedia, un auto atravesó a toda velocidad la ciudad, una polvareda levantaba a su camino, un estallido y la lata dejó de rodar para quedar totalmente aplastada sobre el asfalto.