viernes, 26 de julio de 2013

En la playa de Jerez



Bajo las palmeras de aquella playa caribeña, Elena había conseguido al fin olvidar todas sus preocupaciones y responsabilidades; Notaba la suave brisa del mar acariciar su bronceada piel,
a treinta centímetros bajo ella, la blanca y fina arena le hacían sentir un reconfortante placer de bien estar. El sonido suave del mar aturdía sus sentidos, cerró los ojos e inspiró profundamente para saborear aquel momento. De pronto, casi al final de su inspiración, se coló en su nariz un fuerte olor a podredumbre, se incorporó bruscamente a la vez que abría los ojos para localizar la fuente que emanaba aquella peste. Un ensordecedor ruido de martillo neumático atravesando el asfalto hasta las alcantarillas, le provocó instantáneamente un enorme dolor de cabeza que acabó por despertarla.





Para Elena.