miércoles, 31 de julio de 2013

El Baile

La velada estaba siendo magnífica, aquella gran fiesta sería inolvidable en el valle.
La luna llena pendía en el horizonte como una gran farola, la música sonaba de fondo, y se oían risas y voces. En aquel rincón del jardín, la tranquilidad era absoluta; sobre el lago se reflejaba la luz de la luna, ampliando su brillo natural en las tranquilas aguas.
De pronto, notó que era observada. Ella estaba allí sola, en aquel frío banco, contemplando la belleza que la rodeaba y salido de la nada, aquel apuesto joven comenzó a danzar frente a ella.
Sus negros ojos se abrieron aún más, con la intención de  no perder detalle de aquel magnífico baile. Una luz propia brillaba de aquel danzarín, que levitaba sobre la verde hierba y la orilla del estanque.
Un croar de rana distrajo la atención del incauto, que nada pudo hacer. El horror se dibujó en el rostro de la joven, que quedó petrificada al ver como aquel horrible ser saltaba y se engullía a su amado.


Nunca más aquella luciérnaga volvió a bailar en los jardines de la mansión.