viernes, 5 de julio de 2013

Noche de Verano

 Sentado en la tapia observaba como la Luna ascendía lentamente en el horizonte. Como cada cuatro semanas, lucía en todo su esplendor.
Redonda, brillante, cercana, fría y cálida a la vez, era una mezcla de sentimientos los que le proporcionaba el observar tan bello astro, que perdía la noción del tiempo y el espacio al contemplarla .
 Nada alteraba ese ritual y esa concentración; ni las bocinas de los automóviles, ni las sirenas de las ambulancias o los coches de policía que parecía que en las cálidas noches de verano  se ponían de acuerdo para salir de serenata, siempre acompañados de algún que otro coche de bomberos.
 Impasible esperaba que la nívea dama alcanzara su cenit, entonces, silencioso, se iba tal cual había llegado.
Aquella calurosa noche de Agosto, otra bella y blanca dama acaparó su atención, con felinos ojos celestes, nariz respingona y un menear de trasero que distraería a cualquiera, nuestro amigo dejó de soñar para ronronear de por vida junto aquella gata que eclipsaba cualquier luna llena.