lunes, 13 de enero de 2014

Batalla de Arausio

La noche estrellada rezumaba la paz que jamás encontrara. Días amargos habían destrozado lo que con tanto ahínco siempre había buscado. Nunca podría olvidar aquella derrota. Notaba sus chanclas de cuero hundidas en el fango, barrizal formado con la sangre y miembros descuartizados de sus hombres. El amargor de la boca se le extendía al alma y la pesada carga de la vergüenza se cernía sobre sus hombros.
La mano amiga de su hombre de confianza le devolvió a la realidad. Los gemidos se perdían el la vasta llanura que llegaba hasta el Ródano. Miles de hombres habían sucumbido o habían sido heridos por los enemigos. Pero aún le quedaban fuerzas para pensar en la victoria. Una victoria que los Dioses se habían negado a darle en esta vida, pero que pronto encontraría, ya que un Romano jamás se rendía, y menos él, el Consul Cneo Malio Máximo.
Maldijo una y otra vez al otro proconsul, Quinto Servelio Cepión el Viejo, con su orgullo y soberbia de noble, había llevado al honorable ejercito de Roma a la derrota. Una derrota que había arrastrado a sus propios hijos a la muerte.

¿Continuará....?