jueves, 30 de octubre de 2014

Niebla

Aquella mañana era como la de un día cualquiera, el sol resplandecía en el celeste cielo y los pájaros trinaban despidiendo el verano. Andaba sin rumbo por el bello paseo marítimo; las gaviotas peleaban por resto de peces. De pronto, y casi sin notarlo, una densa niebla comenzó a cubrirlo todo. Un silencio sepulcral inundó el espacio. Tal y como vino se fue, pero, aunque permanecía en el paseo marítimo, algo había cambiado. Miró su teléfono móvil y el corazón se detuvo un instante al leer en la pantalla: 31/10/3.014.