jueves, 13 de octubre de 2016

Libre

Hace unos días recibí en mi correo electrónico la invitación de una editorial para participar en un certamen cuyo título era :"Hay vida después del cáncer". Cuando leí el correo, el plazo acababa en seis horas, así que decidí, tras leer las bases, escribir este relato y enviarlo.



Todos los sentidos los tenía a flor de piel; el olor a mar inundaba sus fosas nasales; el ruido de las olas la alejaban de la ciudad; el sabor a sal la invitaban al baño; el suave tacto de la brisa sobre su desnuda piel hacía que cada poro cobrase vida propia.

Abrió los ojos para cerciorarse que, tras tantos meses aislada, aquello era real. Cuando vio las cicatrices de sus inexistentes pechos una mueca se dibujó en su cara. Sonrió y corrió desnuda hacia el mar, feliz por volver a sentirse libre.