lunes, 14 de junio de 2010

La Gota

Aquel grifo dejaba escapar una gota, se escurría desde su interior y se suspendía durante segundos, adherida al frió bronce se resistía a abandonar aquel túnel que la había llevado hasta allí. Unos segundos después era empujada por otra gota y caía al vacío adquiriendo una forma ovalada hasta golpear con fuerza el suelo y romperse en mil pequeños átomos de agua que en gran parte se evaporaban antes de volver a tocar el suelo.
Rutinario proceso que en el día a día había horadado la base del grifo, ese incesante golpeo taladraba las bases más duras. Puliendo y ahondando atraviesa los elementos más duros. Solo hace falta perseverancia.
Rutina, rutina que desestabiliza, que agota, que te vuelve loco. Tres minutos bajo la gota, no lo notas... Tres horas, y empiezas a ponerte nervioso... Tres días y comienza a dolerte todo... tres meses y por donde pasan las gotas te quema... Tres años y tu cráneo sufre el desgaste... Tiempo, dale tiempo y constancia para que esa gota rebose el vaso...