miércoles, 30 de junio de 2010

El Perezoso

Mario era un niño especial, desde pequeño, su madre veía que no era como los demás niños, se movía con una lentitud exasperante y los médicos no supieron nunca determinar su enfermedad. La llamaron la enfermedad del Perezoso.
Desde que nació se sintió diferente, todo a su alrededor se movía vertiginosamente, cuando le hablaban lo hacían a una velocidad impresionante. Siempre le sorprendió la capacidad de los que le rodeaban de moverse y hablar a esas supervelocidades.
Mario era capaz de ver como germinaba una semilla y como crecía un árbol dedicándole solo una pequeña porción de su tiempo. Se sentaba a mirar y en minutos la semilla germinaba.
Lo que peor llevaba eran aquellos cambios de tiempo tan bruscos y lo pronto que se hacía de noche, pero no tardó en habituar su cuerpo y mente a la inhospitalidad de aquella tierra en la que había nacido.
Carente de familia, nunca sintió lazos afectivos. Su piel envejecía a su ritmo y fue criado en hospicios. Un poco de leche le bastaba como alimento.
Cuando falleció nadie supo jamás que edad contaba, los registros que databan de 1.300 se perdieron en la historia, y Mario bien pudo haber muerto con 800 ó 1.000 años.