martes, 8 de junio de 2010

Samuel orejas de Guitarra

Esta historia que os cuento es real, ocurrió en las cuevas del Sacromonte, allá en Granada. Samuel era un niño nacido para la música, nunca recibió clase alguna en colegio, y su vida transcurría entre guitarras españolas, cante y baile flamenco.
Así, aprendió a tocar la guitarra antes que a hablar o andar. Conocido en toda Granada, se movía entre las juergas flamencas y los trapicheos propios de la gente que vive sin miedo al mañana.
Un día, huyendo de la policía, quiso meterse en el hueco de una ventana, con tan mala fortuna que se rebanó las dos orejas dejandoselas como trofeo al policía que lo perseguía.
Cuando quiso tocar de nuevo la guitarra, algo había cambiado. Desafinaba, no pillaba el compás, ¡Ya no sabía tocar la guitarra!. En su desesperación, huyó de la tierra del Alhambra, para recaer en la de los Califas, ahí conoció a Miguel, un hombre cuyas manos eran un portento.
Un día, Miguel le regaló dos pequeñas guitarras que había fabricado en su taller, y con gran habilidad y desparpajo se las colocó a Samuel en forma de pabellón auditivo. El Granadino cogió una guitarra y comenzó a tocar. ¡Que maravilla!, no solo volvía a tener música aquel instrumento, sino que el embrujo de aquel sonido hizo que las guitarras de las orejas comenzaran también a sonar haciendo que la música sonase a tres bandas.
Nuevamente Samuel recobró su vida y era requerido en todos los tablaos de Granada para deleitar al personal con sus tres guitarras.
Estando un día tomando una cervecita allá en San Nicolás, se le acercó una morena cordobesa que era para quitar el hipo.
-¡Ole ahí las niñas bonitas!, dijo Samuel. La gitana no dudó en acercarse y preguntar;
- ¿E uzted don Samué orejas de guitarra?
- Er mismo que viste y carza ¡guapa!, volvió a piropear.
- Yo canto, ¿quiziera uzted ezcucharme?. Insistió la joven.
- Vamo a vé, zi canta tan bien como bonita ere pos van a bajá los ángeles a escucharte.
Cogió su guitarra y comenzó a tocar, enseguida sus pequeñas guitarras le siguieron el compás y así la joven empezó a cantar.
Maravilloso sonido emitía de aquella preciosa garganta que pronto comenzó a hacerlo a tres bandas, era increíble oír como sonaban aquellas tres guitarras y eran acompañadas a tres voces.
Al acabar, la ovación fue enorme.
-¿Como haces eso niña de cantar a tres voces?
La gitanilla se ruborizó y le contó a Samuel que cuando pequeña se tragó una cuchilla y se cortó las cuerdas vocales y que allí en Córdoba, su ciudad natal había un chico que se llamaba Miguel con unas manos benditas y fue el que le recompuso la garganta en tres partes para que pudiese cantar así.
Desde entonces, Samuel y la gitana recorren todos los tablaos flamencos del mundo.