sábado, 4 de septiembre de 2010

Alma

La luna hecha jirones, como mi alma, como todo mi ser.

Ya no pudo leer más, las pupilas comenzaron a dilatarse, las lágrimas brotaron desde lo más profundo de su ser, la quería demasiado y no podía creer que ya nunca más estaría con ella.

Las gotas golpearon el cristal de la ventana, el Otoño había llegado con prisas, el tiempo de su corazón se había detenido.

Un año había pasado, pero aún oía su risa en los rincones de la casa, olía su perfume en cada cajón y notaba su presencia en todos los espejos.

El tiempo pasaba sin pasar, las estaciones iban y venían como las mareas.

Todo desapareció, el día de mi cumpleaños, cuatro velas y una foto de las dos sobre la chimenea. Me dí cuenta que no era ella la que faltaba, sino yo.