La luna hecha jirones, como mi alma, como todo mi ser.
Ya no pudo leer más, las pupilas comenzaron a dilatarse, las lágrimas brotaron desde lo más profundo de su ser, la quería demasiado y no podía creer que ya nunca más estaría con ella.
Las gotas golpearon el cristal de la ventana, el Otoño había llegado con prisas, el tiempo de su corazón se había detenido.
Un año había pasado, pero aún oía su risa en los rincones de la casa, olía su perfume en cada cajón y notaba su presencia en todos los espejos.
El tiempo pasaba sin pasar, las estaciones iban y venían como las mareas.
Todo desapareció, el día de mi cumpleaños, cuatro velas y una foto de las dos sobre la chimenea. Me dí cuenta que no era ella la que faltaba, sino yo.
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
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Qué triste esto, qué expresivo. Con las palabras justas, sin nada de más ni de menos.
ResponderSuprimirEspero que el dolor llegue a mitigarse.
Saludos...