Sentado en la parada del autobús, observaba el transitar de los ciudadanos; parapetado tras su gorro y bufanda, veía en cada persona una historia, una vida.(1 corte, 6 minutos). Las luces de las farolas se reflejaban en el húmedo suelo. Envoltorios (2 corte, 4 minutos) de chucherías eran recogidos por una sombra verde, que sin prisas pero sin pausas limpiaba al borde de la calzada la acumulación de (3 corte, 3 minutos) deshechos.
Le llamó la atención un agujero negro del tamaño de una alcantarilla, justo en el centro de la calle, en la mismísima intersección (4 corte, 1 minuto) entre las vías. Los vehículos pasaban por su lado sin apenas prestarle atención al peligro que entrañaba.
Un hombre llegó a la parada, se dejó caer junto al lateral acristalado, en la que una propaganda de ropa interior mostraba a una hermosa joven luciendo sujetador y tanga sobre un exuberante cuerpo. Contrastaba ver al cincuentón abrigado y mal encarado junto a la joven casi desnuda y sonriente. Un cigarrillo prolongaba la extremidad de su cuerpo; al darle una calada, una señora que llevaba un coche de bebe tosió de forma ostentosa para llamar la atención. Todos giramos nuestros cuellos y vimos que miraba inquisitoriamente al recién llegado. Este le mantuvo la mirada, dio una nueva y profusa calada y lanzó el resto de su apéndice lejos, maldiciendo en voz baja y dolido en lo más profundo de su ser, lo hizo como quien se tiene que desprender de un riñón o del mismísimo corazón.
La colilla humeante quedó tendida a merced de los coches que pasaban, que movían la columna de humo en una danza sensual y mortífera.
La luz del sol comenzaba a competir con la iluminación artificial; Los ojos se fijaron nuevamente en aquel agujero negro que parecía que aumentaba.
- Eso es imposible, pensó. Pero lo que sí era cierto, era que la colilla estaba mucho más cerca, y se movía hacia aquel boquete. Era curioso, los coches estaban parados al final de la calle en un semáforo, no hacía viento y la colilla era como absorbida, dejando tras de sí una pequeña columna de humo blanco que adquiría una posición inclinada.
...continuará.
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
sábado, 8 de enero de 2011
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