lunes, 20 de mayo de 2013

El Sueño

Cada mañana era una odisea para Papá. Debía despertar a su hija, y para ello debía vencer al sueño. Al propio y al ajeno.
Para el suyo, lo tenía más o menos controlado, lo dejaba permanecer en el cuerpo hasta que se metía en la ducha y dejaba que resbalase por el desagüe. Luego, fortalecido en la mañana, se disponía a enfrenarse al de su niña. Primero un beso en la mejilla, eso desarmaba al guerrero que intentaba mantenerse en su castillo. Luego unas palabras con cariño, y era cuando el sueño se despegaba. Enmarañado en las manos luchaba sin cuartel, lo importante; lograr despegarlo... Una vez en tus manos acudir lejos de la niña y arrojarlo por la ventana. Entonces, poder disfrutar de esa sonrisa maravillosa que iluminará el resto de tu día y de tu vida. Comienza el día.