miércoles, 21 de octubre de 2009

Amanecer

La monotonía hacía de su vida una costumbre, el reloj sonaba cada mañana a las 7:30, oía las mismas noticias una y otra vez, corrupción, paro, suicidios, asesinatos, ... nada que le alterase ya en lo más mínimo. Se vestía a oscuras, la misma ropa del día anterior que tras lavarla a mano la había dejado secarse junto al radiador, se aseaba en el baño, encendiendo la pequeña luz que descansaba en su casquillo sobre el espejo.
Cuando las campanas del reloj del Ayuntamiento daban las 8, Marcial se encontraba como cada día bajando las escaleras del edificio. A oscuras, sin encender las luces de las escaleras, se deslizaba Marcial silenciosamente, peldaño a peldaño hasta salir a la calle.
Allí en el exterior, las calles grises desprendían un brillo melancólico al reflejarse en el agua caída la noche anterior la triste luz que desprendían las farolas. El frío del amanecer hacía que Marcial como cada día se apretujase en el interior de su ropa que perdía poco a poco el calor recibido en la noche.
Dos calles más abajo se oía el murmullo de la ciudad en ebullición, allí, Marcial se unía al grupo de zombies que como autómatas se dirigían a sus rincones donde pasarían el día. Nadie protestaba, nadie sonreía, nadie saludaba.