viernes, 9 de octubre de 2009

La Patatera II

Ya en la calle, nos deslizamos las dos andando a paso ligero por la acera, adelantábamos a todos los peatones y aún mi amiga me metía prisa. Yo todavía andaba con el corazón acelerado y el pecho encogido, el destino que tanto habíamos planeado no era de mi agrado y eso que yo había sido la que le había insistido a Eva para que fuéramos a la patatera, pero a la hora de la verdad, me estaba cagando en el tanga, por cierto, dichoso tanguita de hilo que me está matando...
Me planté en medio de la acera y Eva que me jalaba del brazo dio media vuelta en redondo , con cara de sorprendida y despreciando todas las fuerzas de la gravedad sus pechos bailaron dentro de la estrecha camisa pareciendo que romperían aquella opresión.
- ¿Que te pasa ahora Sonia?, ¿Porqué te detienes?
-¿Estas segura de lo que vamos a hacer?
Nuevamente resaltaban aquellos ojitos de Eva, que ahora, en la calle, con la luz del sol hacía que sus pupilas verdes deslumbraran aún más, me miraba con cara de paciencia, incredulidad, temple,...
- Vamos niña, me dijo con esa voz dulce que le salía de muy adentro, no tengas miedo, estaremos junta en todo momento.
La miré, sonreí y seguimos andando.
Así, de la mano, fue como llegamos a la puerta de aquella mujer.
Nada en el exterior hacía prever que pudiera pasar algo malo, los niños jugaban en la calle, era un barrio tranquilo de casas adosadas, la de la patatera estaba protegida por una valla de metal que no dejaba ver mucho del interior.
Riiiinnnggg, Eva se dejó caer en el timbre y este sonó en toda la calle. Miré a Eva con cara de asesina y esta me lanzó una tímida mirada.
No habían pasado ni quince segundos cuando le dije a Eva.
- Aquí no hay nadie, vámonos y venimos otro día.
- Espera chiquilla, me replicó Eva dando esos saltitos tan característicos e intentando mirar por encima de la puerta.