miércoles, 11 de noviembre de 2009

El Grito

Aquella señora encarnaba el mal, la monotonía de su voz mareaba al más paciente de sus oyentes, aya por donde fuera sembraba cizaña, su hija aún era peor, ya que la sabia nueva venía con más vigor y sus afrentas iban más lejos. Lo que más me aterraba, la descendencia seguía en una tercera generación; pelirroja de tan solo un añito que; o rompía esa mala baba de sus progenitoras, o el infierno representado en su cabello sería ella misma.
Los aquelarres modernos los hacían a plena luz del día, sin esconderse conjuraban al diablo sin que nadie se percatase de ello.
Cuando elegían una víctima, no cejaban en su empeño hasta destrozarla. Se sabe que uno cae en sus despreciables garras cuando desea gritar y huir pero no te salen los gritos y estas paralizado. Es entonces, cuando estas malas brujas tienden sus invisibles conductos y te pudren el alma y roban la sangre.
Malditas bastardas, noto un escalofrío en mi cerebelo, han estado aquí e intentan pudrirme el alma, no hay escape, leed esta carta y preveníos de ellas, están en todas partes...