jueves, 12 de noviembre de 2009

La Patatera III

Una mujer de unos cuarenta años, vestida con un chandal, pelos recogidos en un moño con la mitad de ellos a su aire intentando zafarse de una cola cogida con prisa, y cara de buena persona nos abrió la puerta. Me sorprendió ese atuendo, esperaba encontrar a una señora con túnica, mayor y quizás hasta con una verruga en la nariz.
Pasamos al interior de la casa, nada diferente a una casa convencional, nos hizo sentar en el salón, en un sofá tapado con una jarapa de colores. Al menos tiene gato pensé, ya que el felino se paseó por encima de un sillón dejandonos claro que aquel sitio estaba vetado.
Nos trajo café y nos sentamos a charlar, nos contó que estaba de limpieza y que la perdonásemos, nos planteó la tarifa y si estábamos conforme con ella. Dijimos que sí y procedimos a la adivinación.
Sacó una baraja de Tarot y me dijo mirándome a los ojos.
- No tengas miedo, no te diré nada que no quieras saber.
Para entonces la molestia del tanga no era nada comparandola con los retortijones que me estaban entrando. Eva por el contrario parecía disfrutar del momento.
-Corta, ordenó suavemente pero con el tono de quien está acostumbrado a mandar.
Las cartas empezaron a voltearse sobre la mesa.
-Amor, trabajo ,salud...¿que deseas saber?
-Amor, se apresuró a decir mi amiga, la miré con cara de asesina, me sentí como la hija en el médico que no puede hablar porque su madre se anticipa a todo lo que el médico pregunta.
La patatera sonrió.