sábado, 22 de mayo de 2010

Diana Cazadora

Esta mañana, pude comprobar como la diosa de la Luna había descendido a la tierra para realizar su actividad preferida; la caza. Apareció precedida de su bestia, en busca de una pieza que saciara sus ansias de cazar. Dueña de la naturaleza, joven, bella y segura de sí misma, atravesaba ríos, bosques y prados sin perder la concentración de su objetivo.
Desde mi atalaya, contemplé a la Diosa Artemisa en todo su esplendor. Suerte tuve de que Cupido a estas horas de la mañana dormitase. Y para ser sincero, entre la flecha de cupido o la de Diana, preferiría ser atravesado por una de la virgen blanca. Solo para poder decir que ella me había partido el corazón.
Me llamo Endimión, y sueño cada noche con los suaves labios de Diana sobre los mios temiendo despertar para descubrir que no es verdad.