martes, 18 de mayo de 2010

Vacío

Sentado sin ideas, a solas en aquella silla de enea, sobre la mesa, un folio esperando que el negro manche lo blanco. A oscuras espera que las musas le inspiren y pueda plasmar todo lo que en su cabeza burbujea, sin mobiliario externo, sin manchas en la pared, todo reflejado en monocromo, en una ausencia total del color.
El magma efervescente de sus cerebro comienza a hervir desacerbadamente, su quietud externa se contrapone a la actividad interior. De sus ojos, espejo del alma, solo se traslucen dos lágrimas quietas. Dentro de su cabeza todo empieza a girar, la velocidad hace que todo el cerebro se despedace en mil pequeñas partículas que en su baile disparatado logran resquebrajar el envoltorio.
Tras unos segundos y en silencio, una explosión desparrama todo el interior sobre las blancas paredes y la mesa...en el folio descansan unos restos de cerebro, piel y cabello mojado.
El monocromo inunda la habitación, el color no aparece, la sangre no es roja, el cerebro no es gris, los restos esparcidos no tienen color.
Apaga la luz.