viernes, 25 de noviembre de 2011

La cena

Aquella tarde se despidieron como de costumbre, un roce, unas caricias, compartir una cena, un adiós sin despedida...
La mañana soleada parecía tranquila hasta que aquel saco oscuro la envolvió, notó como la elevaban sin aparente esfuerzo e iba a caer en esa celda de rejas. Cuando quiso darse cuenta, estaba casi congelada sobre aquel mármol. Apenas podía respirar y se sentía desorientada y desubicada.
Volvió a perder el conocimiento; Cuando quiso darse cuenta, estaba en un pequeño charco de agua salada, seguía todo oscuro, pero empezaba a notar un cierto calor por su bajo vientre que le producía placer.
Pronto el agua se puso a una temperatura elevada, y seguía aumentando. El agrado se convirtió en malestar. Hizo lo imposible por salir de aquel agujero que resbalaba. Todos sus miembros arañaban las paredes de aquella cuba en un vano y desesperado intento por salir a la superficie.
Cuando el agua estaba hirviendo, logró sacar una pata por la tapadera de aquella olla y contemplar vagamente una cara de satisfacción al ver como su cena se cocía.
Aquella tarde, la nécora buscó inútilmente a su compañera de juegos.