Sentado en su butaca leía la novela, atrapado entre sus páginas llevaba horas sin levantar la vista de aquellas letras que le tenían subyugado.
Una gota de sangre dio colorido al negro sobre blanco; se asustó y comenzó a notar un picor exagerado en sus ojos.
Torpemente se frotó los párpados cerrados esperando aliviar esa quemazón, el libro cayó al suelo, abrió los ojos para localizarlo y recogerlo y fue entonces cuando se produjo la explosión. Sus globos se hincharon escapando de la cavidad ocular y reventaron llenando todo de sangre.
Aliviado porque ya no le picaba nada se sentó de nuevo en su orejera. Mientras caía, su sillón abrió unas enormes fauces llenas de dientes y lo devoró.
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Picor
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Ayyyyyyyy...por favor! jejejee...en lugar de incentivar a la lectura tu cuento nos espantará de ahora en más de las bibliotecas!jejejeje
ResponderSuprimirUn abrazo