Aquella mañana estaba realmente cansado, entró en la clínica forzando una sonrisa falsa a las enfermeras, que sin devolverle el saludo le indicaron que el paciente esperaba preparado ya en la camilla.
Eso le irritó aún más, aquellas jovenzuelas le decían muy sutilmente que llegaba tarde.
Se preparó y pasó a ver al primer paciente;
-¡Dios! pensó.
Era un hombre de unos 35 años, de no menos de 150 kg de peso, las carnes rebosaban alrededor de la camilla y las patas de estas hacían un esfuerzo ímprobo por no doblarse.
Maldijo su suerte y se dispuso a localizar los músculos a través de aquella masa de grasa. Introdujo sus puños hasta las muñecas en aquella masa adiposa, no tocaba nada duro, extrajo sus brazos pero con ellos se vino parte de la espalada...aquello era pegajoso, repugnante, asqueroso, ...
Poco más pudo pensar, resbaló sobre la deformada espalda y fue engullido por la ingente bola de grasa.
Las enfermeras no daban crédito de aquel suceso tan extraño, el doctor Gutierrez había desaparecido tras atender a su primer paciente y nadie le había vuelto a ver...
En el jardín azul había flores diferentes a todas. En el jardín azul habia aromas por nadie nunca sentidas. En el jardín azul habia sonrisas que jamás terminaban. En el jardín azul habia poemas que en su luz se elevaban. En el jardín azul habia un tesoro; estaba el fin del dolor. En el jardín azul estabas tú... estabas tú, y me amabas. (Germán Alexis Gilio)
jueves, 24 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ja, ja, ja muy bueno mad aunque la realidad es mas dura: La inmensa bola de grasa se deja masajear una hora y vuelve el miércoles, y el viernes, y el lunes, y así por lo menos 20 días.
ResponderSuprimir