jueves, 24 de diciembre de 2009

El Fisioterapeuta

Aquella mañana estaba realmente cansado, entró en la clínica forzando una sonrisa falsa a las enfermeras, que sin devolverle el saludo le indicaron que el paciente esperaba preparado ya en la camilla.
Eso le irritó aún más, aquellas jovenzuelas le decían muy sutilmente que llegaba tarde.
Se preparó y pasó a ver al primer paciente;
-¡Dios! pensó.
Era un hombre de unos 35 años, de no menos de 150 kg de peso, las carnes rebosaban alrededor de la camilla y las patas de estas hacían un esfuerzo ímprobo por no doblarse.
Maldijo su suerte y se dispuso a localizar los músculos a través de aquella masa de grasa. Introdujo sus puños hasta las muñecas en aquella masa adiposa, no tocaba nada duro, extrajo sus brazos pero con ellos se vino parte de la espalada...aquello era pegajoso, repugnante, asqueroso, ...
Poco más pudo pensar, resbaló sobre la deformada espalda y fue engullido por la ingente bola de grasa.
Las enfermeras no daban crédito de aquel suceso tan extraño, el doctor Gutierrez había desaparecido tras atender a su primer paciente y nadie le había vuelto a ver...