jueves, 14 de mayo de 2009

Capítulo I, El Legajo

Capitulo I, El Legajo

El tío Andrés había muerto hacía unos meses, ahora, me encontraba solo frente a la casa que fue guarida de mi familia durante siglos.
Antes de irme a la capital, la Gomera había sido todo mi universo; y aquella casona mi refugio. Ahora, con la distancia de los años y los kilómetros no me parecía ni tan grande, ni tan fantástica.
Recorrí cada estancia vacía oyendo en mi mente los gritos de mis primos; me venían a la memoria imágenes de mis tías cosiendo en el jardín, mis tíos enfrascados en interminables debates políticos que enfrentaban, o bien a la Gomera contra Tenerife, o bien a los isleños contra los peninsulares. Y al tío Andrés, aquel hombre que era mimado por todos y que nos contaba extraordinarias hazañas de su juventud, dejándonos durante semanas flotando en nuestras imaginativas mentes fantásticas historias de aventuras.
De pronto, noté el irrefrenable deseo de subir al segundo piso, notaba crujir cada peldaño de madera de pino canario, me detuve en el descansillo, pero algo desde muy dentro de mí me impulsaba a seguir, y ascendí hasta la buhardilla.
La habitación estaba a oscuras, a tientas me acerqué hasta la trampilla y abrí los postigos del portalón de ojo de buey para que entrase la luz del día, al hacerlo, se iluminó toda la estancia dejándome ver a través del polvo de contraluz una cantidad de objetos que se me antojaron maravillosos. ¡Ojalá los hubiese descubierto siendo un niño!.
Las historias de piratas brotaron en mi mente a borbotones y mis ojos se fijaron en un cofre de madera. Fue lo único que cogí de la Buhardilla y me lo llevé al primer piso con la intención de abrirlo y la esperanza de haber encontrado el tesoro perdido de los mares del sur.
Con un cuchillo forcé la cerradura, me quedé un instante contemplando lo que podría ser un punto de inflexión en mi presente y modificar para siempre mi futuro, abrí la tapa esperando que el brillo de los doblones de oro, diamantes y esmeraldas me cegaran, pero solo encontré un montón de legajos, pergaminos y papeles muy bien conservados y escritos en un castellano antiguo mezclado con expresiones guanches.
Comencé a leer.