martes, 5 de mayo de 2009

La cena de Navidad (para estómagos fuertes)

Este relato que presenté a un concurso de micro relatos tiene de original, por no decir macabro, que lo escribí días antes del trágico suceso ocurrido en Barcelona aquel mismo Diciembre del año 2005. ¿Premonitorio?, juzguen ustedes mismos.

Diciembre 2005. Relato 6. La cena de Navidad (para estómagos fuertes) 20/12/05




La mañana era fría, como lo había sido todo aquel puñetero mes de Diciembre. Hoy por suerte no llovía ni nevaba, era el día de Navidad. Tanteó entre los cartones apilados a su lado y encontró el tetra-brick de vino a medio consumir de la noche anterior, dos buenos buches y listo para afrontar el nuevo día.

Maldita sea mi suerte - pensó una vez más - era la frase más recurrente de su mente.

Mientras se ponía las botas rotas en mil pedazos y remendadas otras tantas veces.

La edad, superaba los cincuenta de largo, se hacía notar a todas horas, y especialmente esas mañanas de gélido invierno que venían a dejarle el cuerpo dolorido y ralentizaba sus movimientos.

A media tarde todo eran sonrisas y alegría a su alrededor. Ese día había cogido grandes cantidades de monedas, la gente por esas fechas era generosa. Esta noche tendría su buena cena de Navidad, se compraría un bocadillo de pavo y una botella de vino; en cristal, que para eso esta noche era Navidad, aunque a él eso le importase un carajo.

Salió del supermercado y se arrinconó entre cartones con su bocata de pavo y su vino en botella de cristal. No pudo saborear el primer bocado; un bate de béisbol le había hundido los pocos dientes que le quedaban junto a la masa de pan hasta la garganta, una patada en el estómago lo dobló y le dejó con el bazo roto. Rápidos como rayos, le rociaron con gasolina, una cerilla encendida calentó el ambiente, y un grito ensordecedor rompió el silencio de la noche. En unos minutos, todo incluso las llamas se habían extinguido.

Esa noche, las ratas se dieron un festín con el cadáver horneado del viejo vagabundo. Y es que esa noche, creyente o no, todos nos merecemos disfrutar de una cena de Navidad.