lunes, 4 de mayo de 2009

Trilogía

TRILOGÍA (Tierra, Agua, El Cristal)


Tierra 10/05/06

El sol hacía años que no se ponía, no soplaba el viento y todo el planeta estaba formado por polvo.

No había agua, el color marrón ocupaba toda la superficie. Ya no quedaba rastro del mundo azul.

Todo empezó aquella mañana en la que los hombres comenzaron a convertirse en arena, se desmoronaban dejando pequeñas montañas de tierra marrón bajo sus ropas...le siguieron los animales, las casas, los árboles, las montañas y el agua...Todo se convirtió en Tierra.

Ahora todo era paz; no había montículos, nada sobresalía, no había sombras. Solo destacaba el color naranja de los rayos del sol sobre el planeta.

Una suave brisa se atrevió a aparecer; movió el polvillo, empezó con suavidad y constancia para acabar con una fuerza huracanada...El planeta Tierra desapareció de la faz del Universo.



Agua (8/5/06)

La mañana estaba gris, amenazaba tormenta. Las siete y ya paseaba por aquella gran ciudad camino del trabajo. No hacía frío, y a pesar de las amenazantes nubes, se sentía muy cómodo bajo su gabardina beige.
A los diez minutos, notó como su cuerpo se empapaba en sudor. Notaba como la transpiración era exagerada. La humedad del ambiente, estar abrigado y el paso ligero que llevaba le estaban produciendo ese efecto invernadero bajo sus ropas.
Pronto notó como de sus zapatos de piel empezaba a brotar líquido, no tuvo tiempo de asustarse, su cuerpo se licuó dejando bajo sus ropas un gran charco.
Las siete y media, una fina lluvia pero intensa empezó a caer y arrastrar unos zapatos nuevos y unas ropas usadas hasta una alcantarilla.

El Cristal ( 6/5/06)

Las 10 de la mañana, allí estaba el dependiente, trajeado, tras el mostrador con una sonrisa impoluta. Las puertas del gran almacén se abrieron, un jueves cualquiera, las cuatro marías de siempre esperaban para darse su rutinaria vuelta por el luminoso pasillo de perfumería. Allí estaba el joven inmóvil.
Ya están aquí las de siempre, pensaba mientras con el rabillo del ojo se recreaba mirándose en el espejo. Hoy si que estoy bien, guapo reguapo.
¿Que es esa mancha oscura entre mis dientes?...noto como si se me requebrajasen...¡¡Dios mio!! ¿Que me está pasando?
Las cuatro maris pasaron por su lado charlando como cotorras y no se percataron en como el joven dependiente se desmembraba a su lado.
Un estruendo de cristales rotos sonó en el pasillo. Las cuatro mujeres miraron a su lado y aceleraron el paso, no fuesen a culparlas de romper algo.
El chico de la limpieza recogió todos los cristales rotos.
Que raro, pensó el encargado de zona. Dónde se habrá metido el Sr. Perez.