miércoles, 31 de octubre de 2012

Jack

La niebla engullía las sombras lejanas, sus pasos retumbaban en el callejón, solo se oía su fuerte taconear...A esas horas de la mañana, nadie andaba sola por las calles, y menos un día de fiesta. Un escalofrío
recorría su cuerpo, no solo la humedad de toda la noche en la esquina había calado sus ya demacrados huesos sentía algo más, una presencia, un mal. El estar casi sin visión debido a la niebla; le permitía prestar mayor atención a todo lo que ocurría a su alrededor. Fue entonces cuando oyó el crujir de la ropa detrás suya, no le dio tiempo a más. Una presión fuerte en su espalda y un agudo dolor en su cuello. Alguien la ahogaba con un cable de acero que se clavaba en su blanca piel. Curiosamente, a pesar del gran dolor, solo intentaba pensar que era aquello que le oprimía la espalda. Su vida se escapaba y aquella incertidumbre la angustiaba. El cuello comenzó a enrojecer con gran rapidez, la piel se tensaba alrededor del duro y frío cable que se iba hundiendo poco a poco. Pronto dejó de moverse y sus esfínteres se relajaron dejando escapar una gran y mal oliente orina. El asesino, dejó de apoyarle la rodilla en la espalda y dejó el inerte cuerpo desparramado en la acera... En pocos segundos su sombra fue devorada por la niebla. Tres calles más abajo escuchó el grito de horror de una mujer y sobre su cara se dibujó una cruel sonrisa.